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Conspiración - Conspiraciones, conjuras, intrigas, complots, manejos en la sombra, reales o ficticios.

La conspiración del Prozac (un asunto dudoso en ambos sentidos)

Posted by | Filed under Temas dudosos | Jan 2, 2014 | Tags: , , , | No Comments

El conocido medicamento

Las conspiraciones sobre esta clase de medicamentos son muy comunes y los investigadores serios, o lso que nos gustaría serlo, tenemos la tendencia a contemplarlas con una dosis extra de escpeticismo. En este caso, sin embargo, puede haber algo más que manías persecutorias e4 invenciones literarias.

El producto en sí se llama HIDROCLORATO DE FLUOXETINA  y el problema real deriva de que los resultados de las pruebas con este medicamento, que según algunas fuentes podría provocar tendencias suicidas, fueron eliminados en su momento, sin que sea posible recuperarlos ni está muy claro por qué se destruyeron. Esto es un hecho objetivo.

Entre los nombres registrados como marcas comerciales del hidroclora­to de fluoxetina se incluye el Prozac, un medicamento que a lo largo de los años noventa fue un tratamiento lucrativo, pero polémico, para com­batir la depresión y estados asociados a ella. En 1998, la compañía farmacéutica Eli Lilly ganó 2.800 millones de dólares con las ventas de Prozac.

En 1999, el psiquiatra David Healey criticó este medicamento en el curso de una conferencia pronunciada en la Universidad de Toronto: «Estas drogas pueden haber sido responsables de una muerte por cada día que el Prozac ha estado en el mercado». El doctor Healey de­bía hacerse cargo de una cátedra en dicha universidad al año siguien­te, pero en diciembre de 1999 recibió un correo electrónico en el que se retiraba la oferta: «No creemos que su enfoque sea compatible con los objetivos para el desarrollo de los recursos académicos y clínicos que tenemos en esta universidad». Se reveló que Eli Lilly aportaba fondos a la universidad. Healey presentó una demanda, llegó a un arreglo sin que el caso llegase a juicio, y continuó criticando el medicamento.

Cuando otros expertos en medicina comenzaron a expresar su preocupación en este sentido, las compañías farmacéuticas debieron ha­cer frente a demandas jurídicas presentadas por los familiares de perso­nas que se habían suicidado y a las que habían recetado fluoxetina. Las compañías farmacéuticas también comenzaron a tener problemas con la FDA, la agencia responsable de la regulación de sus productos, cuyas autoridades votaron la puesta en práctica de una resolución que exigía que los envases de fluoxetina debían llevar una advertencia de «caja ne­gra», acerca del riesgo de suicidio entre quienes tomasen el producto.

En 2004, el fiscal general de Nueva York presentó una demanda contra la compañía GlaxoSmithKline ante las acusaciones de que ha­bían eliminado pruebas que demostraban que los usuarios de fluo­xetina desarrollaban tendencias suicidas. La compañía farmacéutica llegó a un acuerdo extrajudicial por 2,5 millones de dólares y accedió a hacer públicos los resultados de pruebas futuras.

Conclusión:

cuando se destruyen los resultados de las pruebas de un medicamento como este, todos tendemos a pensar que se intenta ocultar algo. No es necesariamente así, pues también puede tratarse de una negligencia, pero el asunto suena cuando menos, sospechosos. La facilidad con que la compañía llego al acuerdo extrajudicial para que no se profundizase en el asunto, tampoco resulta tranquilizadora.

No obstante, y para ser serios, debemos tener en cuenta también el estado de indefensión de las farmacéuticas, ya que una investigación larga y publicitada sobre el asunto les causar´`ia gigantescas pérdidas, fuera cual fuese el resultado de esta. Las industrias, por tanto, se encuentran ante una alternativa penosa: o negociar, dando a entender que ocultan algo, o no negociar, asumiendo las pérdidas que la simple controversia les causaría.

En nuestra opinión, y entre tanto no xse publiquen los nuevos resultados (y puede que no se publiquen nunca) se trata de un tema DUDOSO.

El caso John Stalker (el hombre que quiso saber por qué se disparaba a matar contra los miembros del IRA)

Posted by | Filed under Conspiraciones veraces | Dec 29, 2013 | Tags: , , , | 1 Comment

John Stalker

Este caso se remonta a 1982, cuando Margaret Thatcher decidió que el terrorismo se comnbatía repartiendo un poco el sufrimiento.

Según algunas fuentes, John Stalker, el investigador de la política de «disparar a matar» en Irlanda del Norte fue saboteado por las autoridades británicas o por sus propios compañeros dentro de la policía.

John Stalker era subjefe de la policía de Manchester cuando se le pi­dió que llevase a cabo una de las misiones de vigilancia más delica­das en Gran Bretaña: investigar las acusaciones de que el Royal Uls­ter Constabulary (la policía de Irlanda del Norte) estaba aplicando una política de «disparar a matar» en Irlanda del Norte. Pero, súbita­mente, fue transferido para que se hiciera cargo de otras tareas.

El período bajo investigación eran los últimos meses de 1982, cuando una unidad especial antiterrorista del RUC mató a seis hom­bres desarmados en el condado de Armagh en un período de cinco semanas. Cuatro de los muertos habían sido implicados en el asesi­nato de tres policías como consecuencia del estallido de una mina co­locada por el IRA sólo tres semanas antes. ¿Fueron estas acciones del RUC un procedimiento táctico o, simplemente, una cuestión de ven­ganza?

Stalker fue designado en 1985 para llevar a cabo la investigación de las acusaciones. En mayo de 1986, cuando estaba a punto de en­trevistar a John Hermon, el jefe del RUC, vieron la luz unas acusacio­nes que decían que Stalker estaba socialmente relacionado con la red criminal de Quality Street, con base en Manchester, acusada de pro­porcionar armas al IRA. A resultas de esta acusación, Stalker fue apartado de las investigaciones.

En aquel momento pareció absolutamente obvio que los cargos de su supuesta vinculación con Quality Street habían sido inventados. Esta presunción quedó plenamente confirmada sólo tres meses más tarde, el 22 de agosto de 1986, cuando todos los cargos contra Stalker fueron retirados.

En enero de 1988, el sustituto de Stalker, Colin Samopson, perte­neciente a la policía de West Yorkshire, informó al fiscal general, Pa­trick Mayhew, que no se presentarían cargos contra el RUC. Stalker se quejó más tarde de que su suspensión se había producido porque sus revelaciones hubiesen resultado muy embarazosas para el go­bierno y los servicios de seguridad.

De hecho, la reputación de Stalker por decir la verdad se vio for­talecida por este asunto y, desde entonces, se ha convertido en un conferenciante y escritor muy popular.

Conclusión: Aunque carecemos de pruebas, como casi es obvio en este caso, nos inclinamos a pensar que se trata de una conspiración veraz, y además bastante habitual dentro de los Estados. Primero se nombra a un investigador aparentemente honesto, y cuando se descubre con enorme sorprresa que el investigador es efectivamente honesto, se le descarta de inmediato, sustituyéndolo por otro que ofrezca un pliego de conclusiones más acorde con lo deseado por el poder político.

La conspiración satánica del Rock and Roll (un bulo hermoso)

Posted by | Filed under conspiraciones falsas | Dec 27, 2013 | Tags: , , | 1 Comment

Simpatía por el diablo

Que el diablo acecha en cada esquina es bien sabido por todos aquellos que salieron a comprar tabaco y todavía no han vuelto. Pero que adopte la faz precisa de un disco y pueda salir de su círculo eterno para raptar voluntades es algo que sorprende por lo nuevo.

No analizaremos aquí si una doctrina que se expande es porque así lo quiere el cielo, como sostenía Confucio; simplemente apuntaremos que desde que los profetas aventuran que el hombre tiene otra misión en el mundo que brotar y languidecer como las plantas, la figura del demonio se hace tan necesaria como los espejos.

La sombra de Satanás y su afición por los disfraces está muy presente en la historia del cristianismo. Tal vez por ello, el Dhammapada recomiende, para obtener el liberación, sacudirse el doble yugo del Bien y del Mal. Desde otra atalaya, se designa con «tzimtsum» uno de los conceptos mayores de la Cábala. Al respecto, para que el mundo existiera, Dios, que era todo y estaba en todas partes, consintió en encogerse, en dejar un espacio vacío, que no estuviera habitado por él y fue precisamente en ese «agujero» donde se creó el mundo. Sin embargo, debió de distraerse en algún momento y permitir que el mal se colase, «imperfección» que llevaría a la humanidad en siglos posteriores a contemplar la existencia desde una doble óptica.

Pero nunca hasta ahora la debilidad de Belcebú por travestirse había alcanzado la sofisticación de los camaleones, como atestigua la leyenda que trataremos en este capítulo y que argumenta que cuando ciertos discos se escuchan en sentido inverso al original liberan mensajes satánicos.

Empezaremos, pues, por el final.

Gloria Trevi, la exuberante cantante mexicana, se encuentra en paradero desconocido. Se le recrimina ser una emisaria al maligno y «embrujar» a los cinco millones de adolescentes que compraron sus discos. En uno de ellos -Tu ángel de la guarda (1991)- un seguidor de la cantante escuchó el vinilo al revés y oyó un mensaje nítido y perverso: «¡Castigado!», «¡Lo hicistes mal!», «¡Debes obedecer!». Los susurros diábolicos correspondían a un hombre y una mujer que daban ordenes y regañaban. Otro tanto sucedía en la balada «Mañana» incluida en el LP Qué hago aquí (1994) que, al reproducirse en sentido inverso, desvelaba otro mensaje demoníaco: «Hoy por sexo te das».

Según informaba la prensa mexicana en agosto de 1999, el muchacho que descubrió el infame karaoke del que se servía Trevi para reclutar a sus acólitos, obró movido por «la casualidad, el juego o la curiosidad». A decir verdad, al menos la hipótesis de la casualidad puede descartarse de plano.

Desde comienzos del siglo XX, adalides de la recta moral vienen pregonando que Satán, Lucifer, Belcebú y Mefistófeles utilizan el rock para captar a nuevos adeptos. Al menos disponemos de una decena de libros que así lo atestiguan e incluso de una casete editada por Golden Temple que recoge los grandes hits en materia satánica. En lo más alto del ranking destaca con oscuridad propia el Himno al Imperio Satanico, de Anton La Vey, una arenga demoníaca con timbales y campanas invertidas que evoca vagamente al grupo californiano The Residents, mientras que el segundo puesto de la lista lo ocupa por derecho propio Power, un monólogo gutural del conocido brujo Aleister Crowley al que acompaña un piano de ultratumba.

A pesar de que en el siglo XIX el compositor Nicolo Paganini fue acusado de vender su violín al diablo, el auténtico interés de Satanás por la música se remonta a 1911, cuando nace fruto de una relación ilegítima Robert Lee Johnson, el que luego será considerado el inventor del blues.

En los polvorientos cruces de caminos rurales que bordean arrozales y plantaciones de algodón

- indica Jota Martínez Galiana en Satanismo y brujería en el rock-, recios jornaleros negros cantan los espirituales aprendidos de sus antepasados para hacer más llevadero su trabajo bajo el sol. Allí, rodeado de lóbregos pantanos, aprende a tocar la guitarra Robert Johnson. Su estilo es tan excitante que pronto su fama llega hasta Willie Brown y Son House, dos reputados bluesmen para lo que toca en 1932. Al oírlo por primera vez House exclama: «Ha debido vender el alma al diablo para tocar de esa manera».

Nace así la leyenda de Robert Johnson que él mismo tiene a gala propagar al componer Me and the Devil blues («Blues de mí y del diablo»). La canción, muy explícita, comienza así: «Esta mañana, temprano, llamaste a mi puerta y yo dije “Hola, Satán, creo que es hora de irse”», para concluir con «Voy a pegarle a mi mujer hasta quedar satisfecho ».

Según corre de boca a oreja, Johnson se cita con Belcebú en un cruce de caminos y sella a medianoche un curioso pacto: tocar la guitarra como nadie a cambio de difundir entre la juventud el ideario de Lucifer: alcohol, juegos y mujeres de mala reputación.

Robert Johnson cumple con creces las expectativas de Satán -sobre todo en lo relativo al alcohol-, sin que éste, tal vez celoso de su discípulo, haga nada por evitar su muerte a la edad de 27 años. No obstante, consigue que algunos adolescentes blancos se interesen por su música y olviden los azucarados aleluyas de los pastores anglicanos. El triunfo de la Bestia está ya cercano: el rock and roll, «el blues de los blancos», va a llevar muy pronto a que se cumpla un viejo dicho: «En cuanto uno empieza a desear cae bajo la jurisdicción del demonio».

Pero tal vez convenga remontarse a siglos anteriores y observar cuál había sido la vida del diablo hasta su repentina pasión por el baile. Mientras en la Biblia las referencias al infierno remiten a un lugar fisico, en el Nuevo Testamento el averno comienza a relacionarse con un estado mental de los pecadores. Los griegos, por ejemplo, llamaban Hades a un reino subterráneo gobernado por un rey del mismo nombre, al que era condenado el espíritu del pecador. Este, después de ser juzgado por Minos, Eaco y Radamanto, debía cruzar el río Estigia en la barca del viejo Caronte con un óbolo en la boca, en un viaje hasta un tormento sin fin.

A su vez, los romanos situaban al infierno debajo del lago Averno, en la campiña de Roma, donde debido a los pestilentes vapores, los pájaros que sobrevolaban el paraje caían muertos en el acto.

Según el Diccionario de Mitología de J. F. Noël, el purgatorio romano estaba dividido en siete reinos subterráneos: «El primero encerraba a los niños muertos antes de nacer, el segundo a los condenados a muerte. El tercero a los suicidas. El cuarto, llamado Campo de Lágrimas, a los amantes perjuros y a los amantes desgraciados. El quinto a los héroes cuya crueldad había oscurecido el valor, como Tydeo, Partenopeo y Adrasto. El sexto era el Tártaro y el séptimo era, en fin, los Campos Elíseos».

Pero más importante que conocer el emplazamiento exacto del reino del Príncipe de las Tinieblas, tal vez sea averiguar cuándo su «ideología» ejerce mayor atracción en sus pupilos.

La Edad Media es, en este sentido, un período clave. Por aquel entonces la Iglesia y el Estado procrean por doquier demonios imaginarios con forma humana. Tras aplastar todas las herejías existentes, la Santa Inquisición inventa una nueva herejía con una base tan amplia que el suministro de víctimas se torne inagotable: los brujos y las brujas, seres, en apariencia normales, que satisfacen las pasiones profundas que descuida una sociedad austera.

Es entonces cuando más crece el culto al demonio, tal vez como un resentimiento inconsciente contra el cristianismo por ser una religión tan estricta o contra Cristo por ser un conductor tan rígido.

El caso es que el diablo comienza a convertirse en un estandarte de libertad para los desposeídos, para todos aquellos que discrepan de un Dios sanguinario e inmisericorde.

Salvando las distancias -que son muchas-, algo parecido puede decirse del momento histórico en que el rock sella su alianza con Satán. La acción trascurrre en el deep South -en el profundo surestadounidense, en Tennessee, Arkansas y Alabama, lugares en los que se predica con un Colt 45 y una pala. Al margen de diferencias formales -los inquisidores ahora llevan sombrero de ala ancha y camisa a cuadros, en lugar de sotana y crucifijo-, el aprecio por los usos y costumbres del medievo goza aquí de temible jurisdicción.

A pesar de que durante esta investigación hemos recibido testimonios de toda España en los que se nos informa que si se escucha un disco en sentido inverso se corre el peligro de sufrir la verborrea de Belcebú -y más si uno se tropieza con grupos como The Cramps, Led Zeppelin o Black Sabbath- el origen de esta leyenda urbana es genuinamente norteamericano.

Tanto es así que, desde un punto de vista estrictamente antropológico, la principal aportación de Gloria Trevi a esta larga saga de nombres ilustres -Beatles, Rolling Stones e incluso los propios Eagles, aunque parezca increíble- es que el Maligno por primera vez en la historia del rock satánico se digna a cantar en español.

La única objeción -y que nos excuse- es que no se le entiende nada. Pero para explicar por qué Satanás canta tan endiabladamente mal que no hay dos personas en el mundo que oigan el mismo mensaje -salvo que estén realmente poseídas- hay que referirse a dos fenómenos anteriores: los bifrontes y la publicidad subliminal.

Según explica Màrius Serra en su Manual d’enigmística, se denomina bifronte -«que tiene dos caras»- a una palabra o frase que puede leerse en ambos sentidos con significado pleno. Cuando ambas lecturas coinciden el bifronte es también un palíndromo. Al respecto, el ejemplo más manido de bifronte es el que relaciona la capital italiana con el sentimiento más deseado -Roma/amor.

El origen del bifronte se remonta al siglo VI a. de C. cuando Sótades, un poeta cortesano que vivió en la época de la Biblioteca de Alejandría y, por lo demás, casado incestuosamente con su hermana Arsinoe, nos legó -más a través de las referencias de ciertos autores, caso de Plutarco, que de la obra propia, de la que no hay testimonios- la leyenda de que fue el inventor de los versos retrógrados o sotádicos.

Según nos ha llegado, Sótades escribía versos al rey Ptolomeo Filadelf que cuando se recitaban de izquierda a derecha eran laudatorios, pero que en sentido contrario encubrían chanzas y comentarios satíricos. Al apercibirse de ello, el rey Ptolomeo, que no se caracterizaba por su sentido del humor, encerró a Sótades en un cofre de bronce y sin mayor dilación, lo lanzó al mar Egeo.

Tal vez Sótades tuviera algo que ver con que durante la Edad Media el diablo pasara a recibir el nombre de Deus Inversus. Como anotaría René Laban al escribir en 1985 Música rock y satanismo, un oscuro manual que se cerraba con un dibujo de Albert Einstein sacando la lengua y la pregunta «¿Hemos hecho la obra del diablo?», esto aclararía que artistas como Nina Hagen irrumpan en el escenario con cruces invertidas o que el nombre de Black Sabbath se lea en algunos grafritis en sentido cambiado.

No sin razón -explicaba Laban- la expresión free yourself -¡líbérate!- aparece en un gran número de temas de música rock. Nos encontramos, pues, con lo que pudiéramos calificar como el «reverso» del materialismo, de su consecuencia lógica y previsible a la vez que su complemento y consumación: la desintegración que, a todos los niveles, vivimos desde 1945.

Satán, cualquiera que sea la forma que pueda revestir, no es sino la resolución metafísica del espíritu de la negación y de la subversión, por una parte, y, por otra -continuaba un Laban extasiado-, lo que encarna en el mundo terrestre a lo que conocemos como «contra-iniciación» y que conduce forzosamente a lo infrahumano. Sí en la iniciación se trasmite una semilla de luz, en la «contra-iniciación» lo que se siembran son tinieblas.

Esta oscura labranza tiene su principal granero en la adolescencia, tal y como denota la leyenda que nos envía Marta Costa desde Bellaterra (Barcelona): Si a las doce de una noche de luna llena rezas un Padrenuestro al revés y pones la mano debajo del colchón el diablo te la coge.

Por lo que se refiere a la publicidad subliminal, su repercusión en la mala dicción de Satanás no admite lugar a dudas. Su primer apóstol es James Vicary; un psicólogo que adopta el término para referirse a ciertos estímulos que funcionan por debajo del umbral consciente de percepción.

Según cuenta Vance Packard en su obra The Hidden Persuaders, Vicary lleva a cabo en 1950 varios experimentos sobre los hábitos de compra de los norteamericanos, en un momento en que los supermercados comienzan a introducir el régimen de autoservicio.

Pues bien, Vicary descubre que el índice de parpadeos de las mujeres desciende significativamente en los supermercados. También que la «primavera psicológica» dura el doble que el «invierno psicológico» e incluso que la experiencia de una mujer preparando un pastel guarda un raro parecido

- que no abordaremos aquí- con el momento del parto.

Como es de suponer, los desvelos de Vicary pasan completamente inadvertidos hasta que en el verano de 1957 apadrina un experimento en el cine Ft. Lee de Nueva Jersey. Se trata de colocar un taquiscopio en la cabina de proyección y de ir insertando dos mensajes cada cinco segundos mientras se proyecta la película Picnic. Los fotogramas sólo son visibles durante una tresmilésima de segundo y actúan muy por debajo de la percepción consciente del público. Las sugerencias imperceptibles se resumen en dos: «Bebe Coca-Cola» y «¿Tienes hambre? Come palomitas». Sorprendentemente, Vicary registra un aumento del 18,1 % en el consumo de la bebida refrescante y un 57,8 % en el de palomitas de maíz, con lo que algunos consumidores comienzan a reparar en que tal vez se les está incitando a comprar artículos no deseados.

Durante más de cuarenta años se mantiene esta leyenda. Tanto es así, que la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos prohíbe en 1974 la publicidad subliminal en radio y televisión, muy a pesar de que ningún estudio posterior a 1957 puede ratificar su eficacia.

Por aquel entonces James Vicary está a punto de ser acusado de falsedad. Ocurre cuando el presidente de la Asociación de Psicólogos, el doctor Henry Lynk, lo desafia a repetir el experimento y descubre que no se aprecia ningún incremento sustancial en las ventas de Coca-Cola y de palomitas.

Humillado, Vicary confiesa haber falsificado los resultados.

El relevo de Vicary lo toma Wilson B. Key que reemprende sus desvelos allí donde éste los había dejado. En Seducción subliminal Key argumenta que los anuncios modernos están repletos de mensajes y símbolos ocultos que sólo él es capaz de discernir.

Pero por entonces, la cuestión ya es otra. Tal y como aprecia en The Hidden Persuaders Vance Packard: Los publicistas utilizaban mensajes subliminales en los anuncios porque los empresarios se lo creían… y les pagaban bien por eso. Otra cosa, claro está, era su eficacia, nula por completo.

Muy pronto la publicidad subliminal empieza a ser utilizada por algunos artistas de rock, máxime después de que un pastor protestante californiano, Gary Greenwald, que en su juventud había sido músico, descubra que sus antiguos colegas recurren a una técnica conocida por backward masking para trasmitir «órdenes hipnóticas» a los jóvenes.

Predicadores de diversos estados de Norteamérica -en especial, pastores protestantes de Georgiacomienzan a escuchar en sentido inverso a grupos sospechosos y desatan una fiebre fundamentalista que lleva a la hoguera a grupos como los Beatles y los Rolling Stones. Mientras los discos arden en una enorme pila, un ser, sin duda demoníaco y normalmente con flequillo, incita a las masas, micrófono en mano, a exhumar a «los santos de Satán».

Las hogueras de los fundamentalistas cristianos alcanzan tal virulencia en 1966 que Joseph Viglione, alias The Count, un cantante de rock bostoniano y cristiano practicante, llega a sugerir a sus correligionarios que, en lugar de dedicar sus vidas a descubrir mensajes satánicos grabados al revés, «empleen su tiempo en quehaceres más cristianos».

No obstante, la furia incendiaria de los puritanos responde a causas más profundas. Desde 1960 el viejo orden parece venirse abajo. Los hippies y su flower power, la filosofia beatnik deJack Kerouac, William S. Burroughs, Allen Ginsberg y otros «popes» de la contracultura, el naturalismo del folk, las drogas psicodélicas como vía de conocimiento, el interés por las culturas primitivas y orientales y la búsqueda de un mundo en paz, ponen en pie de guerra a los puritanos -muy especialmente en Norteamérica-, algunos de los cuales ven ya definitivamente la mano de Belcebú cuando Anton La Vey funda en noviembre de 1968 en Los Ángeles la primera iglesia satánica reconocida oficialmente.

En este contexto, los Beatles publican en 1969 su White Album (Álbum blanco). Misteriosamente se desata el rumor de que Paul McCartney ha muerto en un accidente de tráfico, tal y como informa el Northern Star, un periódico de la Universidad de Illinois, y que el cuarteto de Liverpool lo viene sustituyendo por un doble -William Campbell- desde 1966.

Los seguidores del grupo no saben a qué atenerse, máxime cuando comienzan a descubrir misteriosas pistas en los discos. Por lo que respecta a las canciones, al final de Strawberry Fields Forever («Campos de fresas para siempre») (1966), muchos creen oír a John Lennon susurrando 1 buried Paul -Yo enterré a Paul-, mientras que el guitarrista repite una y mil veces que lo que dijo fue «cranberry sauce» -salsa de arándanos. En Revolution n0 9 («Revolución número 9») (1968) una voz repite insistentemente «Number nine, number nine». Si se escucha este segmento hacia atrás lo que se oye es «Turn me on, dead man» -«Ponme a tono, hombre muerto» «Si es extraña esa coincidencia -explica Jota Martínez Galiana en Satanismo y brujeria en el rock, a buen seguro el estudio más completo publicado en España-, aún más da que pensar lo que ocurre en el mismo álbum entre el final de I’m so tired («Estoy tan cansado») y el inicio de Black Bird («Pájaro negro»). Lennon balbucea unas sílabas sin sentido que, escuchadas hacia atrás, forman aproximadamente la frase: Paul is dead, miss him, miss him («Paul ha muerto, echadle de menos, echadle de menos»).

Los que defienden la integridad fisica de Paul, se aprestan a señalar que esas «sílabas sin sentido» son en realidad una frase: Monsieur, monsieur, let’s have another one («Señor, señor, tomemos otra») y que sólo cuando se escucha al revés se convierte en un balbuceo ininteligible.

Por lo que concierne a las portadas de los Beatles, las pistas son, si cabe, más desconcertantes. En Abbey Road -donde se observa en una foto a los cuatro Beatles cruzando dicha calle por un paso de cebra- Paul aparece sin zapatos -en los rituales del Tíbet, muy de moda por aquella época, los muertos andaban descalzos- y es el único de los cuatro que camina con el paso cambiado y los ojos cerrados.

Además, aunque es zurdo, va fumando con la mano derecha. Por si fuera poco, los cuatro chicos de Liverpool van vestidos de un color y parecen representar la escena de un entierro: John, de blanco, es el predicador; Ringo, de negro, el enterrador; George, con camisa vaquera, es el sepulturero. Ni que decir tiene que Paul es el muerto… Para más inri, la matrícula del coche estacionado en la calle tiene la combinación «28 IF», es decir, precisamente la edad que tendría Paul McCartney si estuviese vivo -en inglés la conjunción condicional if significa si.

En Sergeant Pepper’s sobre la cabeza de Paul aparece una mano -que en algunas religiones orientales simboliza la muerte-, el instrumento que sostiene Paul es negro, mientras que en la contraportada éste luce en un brazo una banda negra con las letras OPD, siglas que en Canadá significan Officially Pronounced Dead («Declarado Oficialmente Muerto»), por más que los Beatles sostuvieran que en realidad hacían referencia al Ontario Police Department («Departamento de Policía de Ontario») iniciales que los cuatro Beatles enarbolaron al efectuar su gira por Estados Unidos en 1965.

Para acabar de rematarlo, en la abigarrada portada del disco, puede observarse la cabeza de Aleister Crowley, el brujo más famoso de todos los tiempos -y del que ya hablamos antes- y que fue referencia obligada para muchos grupos británicos.

En total, los fans de los Beatles llegan a descubrir más de cien pistas distintas que refrendan que Paul, efectivamente, ha fallecido al saltarse un semáforo en 1966 y que un doble usurpa su puesto.

Tanto es así que cuando Paul McCartney aparece tiempo después en la revista Life para desmentir el rumor, éste, lejos de dejar de circular, se recrudece. Se trata del doble. Una conclusión aparentemente lógica si se observaba que al dorso de la página en la que aparecía la foto de McCartney, se publicaba el anuncio de un coche, cuya imagen parecía cortarle la cabeza al mirarse a contraluz.

Pero si entre los seguidores de los Beatles habían dos facciones enfrentadas -¿Cómo puede haber compuesto William Campbell Let it be?, se preguntaban los seguidores leales-, los fundamentalistas cristianos lo tenían del todo claro: vivo o muerto Paul McCartney, los Beatles eran un juguete roto en manos de Satanás.

Una de las principales razones de la animadversión de los cristianos fundamentalístas hacia el rock

- explica Jota Martínez- estriba en el hecho de que los jóvenes mitifiquen e idolatren a las estrellas de la música popular, ya que, para ellos, la única persona que merece ser adorada es Jesucristo. Al fin y al cabo, ¿no se comportaron los fans de The Beatles como los apóstoles intentando resucitar a su mesías muerto?

Si a ello unimos que esos mismos jóvenes que escuchaban rock and roll eran los mismos que faltaban a misa los domingos, se comprenderá que los integristas religiosos recurrieran a la figura del coco -llámese Belcebú- para convencer a sus feligreses.

Por no aburrir a los lectores, diremos que desde los Beatles hasta Gloria Trevi un sinfín de grupos han sido acusados de servir al diablo y que, sólo algunos de ellos, han incluido ex profeso mensajes sotádicos, más para aumentar las ventas que por una verdadera cofradía con el diablo.

Por citar sólo a los más destacados, los Rolling Stones publicaron varios discos en los que dieron a entender, por las dudas, en qué bando querían formar. Their Satanic Majesties Request («La llamada de sus Satánicas Majestades») y Goat’s Head Soup («Sopa de cabeza de cabra»), dan pistas al respecto, mismo caso que Sympathy for the Devil («Simpatía por el diablo»), un tema que algunos consideran el himno oficioso de Satanás y que le valió a Jagger el apodo de «El Lucifer del rock».

En lo que respecta a Led Zeppelin, Jimmy Page, guitarrista de la banda, sentía una fascinación casi enfermiza por Aleister Crowley, el brujo más carismático desde la Edad Media. Nacido en 1875 en el seno de una secta irlandesa para la cual la lectura diaria de la Biblia era obligada, Crowley dio desde su tierna infancia buenas pruebas de su naturaleza malvada: para comprobar si era cierto que los gatos tenían siete vidas, intentó matar a uno de siete formas diferentes. A la edad de veinte años, su propia madre lo bautizó como La Bestia, apodo que él adoptó encantado añadiéndole el número 666.

Muchos exégetas -indica Martin Gardner en «La Nueva Era»- han intentado descifrar el misterioso número. La mayoría cree que es una cifra que vale por un nombre. Este tipo de juego matemático era muy popular entre los griegos y los hebreos, que usaban letras del alfabeto como números en la época en la que el Apocalipsis fue escrito, en el primer siglo después de Cristo. El nombre más probable es el del tiránico emperador Nerón. Como la traslación del nombre se hace a partir del griego, Nerón César se representa en hebreo como Nron Ksr, cuyas letras tienen estos valores numéricos: n=50, r=200, o=6, n=50, k=100, s=60, r=200. Sumados, hacen un total de 666.

Detrás de esta operación arimética se encuentra la fama satánica de la pirámide del Louvre de París. Situada en el antiguo meridiano cero, sus 666 paneles de cristal le han hecho merecedora de todo tipo de comentarios.

Pues bien, La Bestia 666 ingresa en 1898 en la sociedad mágica Golden Dawn -que guarda un asombroso parecido con el sello discográfico que apadrina los grandes hits satánicos- y comienza a apostar por una mezcla de magia blanca y negra, de Cábala y Hermética, todo ello aderezado con lo más granado de las tradiciones hindú, budista y taoísta, además de diversos rituales satánicos y sexuales, unos de cosecha propia y otros tomados del mago Abra-Melin. Así, Aleister Crowley desarrolla el Iluminismo Científico o Misticismo Escéptico, que más tarde denominaría «Magick», «la ciencia y el arte de causar el cambio en conformidad con el deseo».

Pero no será hasta 1904 cuando Crowley dé al mundo su obra más notable: El libro de la Ley que instituye un nuevo principio para la humanidad: «Hacer lo que se quiera será toda Ley».

No es de extrañar, pues, el éxito que cosecha La Bestia 666 -y posteriormente Anton la Vey- entre los grupos roqueros más viscerales, y nunca mejor dicho, con consignas del tipo: «Todo hombre y toda mujer es una estrella», «No hay más dios que el hombre» «El hombre tiene derecho a pensar lo que desee; a hablar lo que desee; a escribir lo que desee; a dibujar, pintar, esculpir, a grabar al agua fuerte, a moldear, a construir como desee; a vestir como desee», «El hombre tiene el derecho de matar a aquellos que puedan frustrar estos deseos», «El amor es la ley. Ama bajo el deseo».

En una época de cambio, donde los jóvenes ya no admitían como antaño la autoridad paterna y la rígida moral puritana, los conjuntos que adoptaron este mensaje se convirtieron para muchos jóvenes en pregoneros de una nueva era donde el fondo era más importante que la forma.

Desde entonces, desde la satánica Escalera al Cielo de Led Zeppelin o la estética descaradamente canalla de Black Sabbath, muchos otros grupos -Marilyn Manson, Slayer, Judas Priest, etc.- han conducido a Satanás hasta el final del milenio, renovando, de paso, su estilo musical. El mensaje de todos ellos es bien explícito: si vosotros tenéis el orden, las Iglesias, la familia, el trabajo y la policía, nosotros tenemos a Satán.

Pero que nadie piense que ese debate se limita a la música. En la ultraconservadora sociedad norteamericana, numerosas empresas han tenido que enfrentarse desde 1978 a rumores intencionados que sugieren que gran parte de su capital está en manos de la secta Moon, que es como decir del demonio.

Entre las más citadas figuran Procter and Gamble -el primer fabricante mundial de productos de limpieza como Ariel, Pamperss, Bonux, etc.-, MacDonald’s, el número uno de las hamburguesas, y Entemann’s, un gigante de la producción alimentaria.

Como sucediera con Robert Lee Johnson y los Beatles, al final se pudo dar con el origen de estos rumores. Se trataba de los pastores de las comunidades religiosas fundamentalistas del sur de Estados Unidos, asentadas en una región conocida como Bible Belt -el «cinturón bíblico».

Así, el logotipo de la sociedad Procter and Gamble representa el rostro de un anciano con aspecto de Júpiter en forma de luna creciente que mira hacia las trece estrellas -en recuerdo de las trece primeras colonias norteamericanas. Al principio se dijo que la luna era una alusión evidente a la secta Moon -luna- y a su fundador,el Anticristo en persona. Más tarde, los rumores se cebaron sobre otros aspectos del logotipo todavía más reveladores: las estrellas dibujaban, supuestamente, la cifra 666, es decir, la cifra de Satán según la interpretación de un verso del capitulo trece del Libro de la Revelación: El Anticristo hace que todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, reciban una marca en la mano derecha o en la frente, y que nadie pueda comprar nada ni vender, sino el que lleve la marca con el nombre de la Bestia o con la cifra de su nombre.

En abril de 1985, con la intención de poner fin a tan persistente rumor, Procter and Gamble decidió retirar el logotipo del embalaje de sus productos, por mucho que éste hubiera figurado en ellos desde un siglo antes, cuando naciera esta empresa, por lo demás, profundamente conservadora.

Como aprecia muy atinadamente Jean-Noël Kapferer, «al igual que sucedía en la Edad Media, la Iglesia se ha convertido en la canalizadora de los rumores, los cuales se sustentan además en la interpretación de unos signos que permanecen ocultos a los ojos de los que no son expertos».

De ahí que los obispos mexicanos José Melgoza yJosé Aguilera declararan el 8 de agosto de 1999 que Gloria Trevi, la cantante con la que se abría esta leyenda, era nada menos que una emisaria del demonio e incluía «mensajes insanos» en sus canciones cuando se escuchaban al revés.

Toda una «revelación» como para plantearse, mal que nos pese, si el bueno de esta película no será precisamente Satán…

 

Conclusión: Tras el magnífico artículo de Antonio Ortí, reproducido arriba, creemos que sólo hay una conclusión posible: los experto en márketing inventan lo que pueden.  Y siempre hay algún chiflado que les sigue la corriente, por supuesto. Porque esa es otra…

La masacre del día de San Valentín, ¿ajuste mafioso o policía corrupta?

Imagen de las víctimas

Nos encontramos ante uno de esos casos en los que hay unas cuantas pruebas, aunque no concluyentes, de que pudo haber algo más de lo que nos cuentan. De hecho, el interés del Gobierno por difundir su versión de la historia a través del cine induce a pensar que en este caso particular, los partidarios de la teoría conspiratoria podrían tener alguna base. Vamos a echar un vistazo al asunto.

La masacre del día de San Valentín de 1929 se atribuyó a Al Capone y se tomó como parte de su guerra mafiosa en Chicago para eliminar a George Bugs Moran y su banda. Se encuadra, por tanto, entre las habituales luchas entre bandas criminales rivales.

El trabajo de campo para la especta­cular matanza estuvo a cargo del lugarteniente de Capone, Jack Ametralladora McGurn. El plan de McGurn consistía en atraer a Moran y sus principales lugartenientes con una proposición que no podía re­chazar, en este caso un cargamento de whisky de contrabando a un almacén en Clark Street. Un grupo de asesinos de Capone entraría después en el almacén, disfrazados de policías, aparentarían arrestar a Moran y sus hombres para luego matarlos a todos. McGurn estaría a salvo lejos de allí y Capone se marcharía «de vacaciones» a Florida. Con esto se c0mpletaría el ajuste de cuentas sin que quedase nunca claro quién lo había hecho.

El plan,no obstante, fracasó. Los hombres de Capone llega ron al almacén a las 10.30 horas de la mañana del 14 de febrero de
1929 en un coche de policía robado. Siete de los hombres de Moran (más un oftalmólogo que estaba en el lugar equivocado) fueron ali­neados contra una pared, en el garaje de la S-M-C Cartage Company, y acribillados a balazos. Moran, sin embargo, no estaba entre ellos. Cuando se acercaba al almacén vio que llegaban los «policías» de Ca­pone en el coche robado y se asustó. Los muertos fueron James Clark, Frank y Pete Gusenberg, Adam Heyer, Johnny May, Reinhardt Schwimmer y Al Weinshank. El hecho de haber fallado en el asesinato del objetivo principal traería graves consecuencias.

Siempre se ha supuesto que los asesinatos jamás podrían haberse cometido sin la complicidad de la notoriamente corrupta policía de
Chicago, que además incluso debió de suministrar los uniformes y el vehículo empleados para cometer la matanza. Un año más tarde, las ametralladoras utilizadas en la masacre del día de San Valentín fue­ron encontradas en la casa de Michigan de un pistolero profesional llamado Fred Burke, pero Burke jamás fue extraditado a Illinois para ser juzgado, supuestamente porque su declaración podría haber im­plicado a los policías que participaron de la conspiración.

Otras versiones apuntan a que el posterior encubrimiento de Capone se debió a que al policía prefirió no profundizar en el asunto para no resaltar la negligencia de los suyos, pero esta versión no acaba de sostener completamente.

Conclusión:

Con estos datos y algunos más que hemos encontrado, parece que aquí hubo algo más que un ajuste de cuentas entre bandas mafiosas. Por lo que parece, la propia policía se puso del lado de Capone, ya fuera para ayudarlo a acabar con Moran por razones legales (uso de un delincuente para acabar con otro) o porque al propia policía estaba más interesada en que Capone controlase la zona, por recibir de este mejores comisiones.

La dinámica policial de Chicago en aquellos años, donde no estaba muy claro quién estaba de parte de quién, parece indicar que la policía de Chicago participó activa y conscientemente en estos hechos, tanto en lo maaterial como muy probablemente en la autoría intelectual de los mismos.

Sin poder estar, por supuesto, completamente seguros de ello, clasificamos esta conspiración en el grupo de las conspiraci0nes veraces. O al menos, muy verosímiles.

Barry Seal, el narcotraficante al que odiaban por otra cosa

Barry Seal

El 19 de febrero de 1986, Adler B. (Barry) Seal estaba saliendo de su Cadillac blanco en el aparcamiento del Centro de Tratamiento Co­munitario del Ejército de Salvación, en Baton Rouge, Louisiana, cuando fue muerto a tiros por un colombiano que le disparó con una pequeña metralleta. Seal tenía fama de haber introducido en Estados Unidos más de cincuenta millones de dólares en drogas procedentes de América del Sur entre 1977 y 1986.

La muerte de Barry Seal marcó el inicio de un complicado proce­so que acabó revelando detalles cruciales de la conspiración Irán-Contra e implicando a muchos miembros de la élite del poder de la administración Reagan, incluyendo a George H. W. Bush, Oliver North, Dewey Clarridge, John Pointdexter, Caspar Weinberger e in­cluso al joven Bill Clinton, quien por entonces era el gobernador de Arkansas.

En aquella época, los guerrilleros de extrema derecha de la Con­tra estaban tratando de derrocar al gobierno sandinista de Nicara­gua. En 1984, el Congreso estadounidense había suspendido el sumi­nistro de fondos a la resistencia nicaragüense, pero los partidarios de la línea dura de la administración Reagan y la CÍA querían conti­nuar la lucha, y rápidamente dieron con un medio obvio de conse­guir el dinero. El jefe de la CÍA en Costa Rica, Joe Fernández, sabía que el FDN (Fuerza Democrática de Nicaragua) —la Contra— nece­sitaba fondos alternativos, y que esos fondos podrían conseguirse del floreciente tráfico de drogas que se realizaba en América Central. La cocaína se obtenía en Colombia y se llevaba a Panamá, donde los cargamentos estaban protegidos por las fuerzas de defensa paname­ñas. Desde Panamá, las drogas pasaban a través de Costa Rica, don­de los envíos eran personalmente supervisados por el ministro de Seguridad Pública. Los vuelos hacia su destino final en Estados Uni­

162 dos eran controlados por el FBI y la CÍA, y el pequeño aeropuerto de Mena, en Arkansas, fue preparado como un punto de entrada encu­bierto, libre de la interferencia de la aduana estadounidense o de la Agencia de Lucha Antidroga (DEA).

Elegida por la CÍA porque la agencia consideraba Arkansas una especie de república bananera dentro de Estados Unidos —donde los políticos podían ser comprados por poco dinero—, Mena se con­virtió muy pronto en el centro estadounidense de las operaciones Irán-Contra. El entrenamiento clandestino de los guerrilleros de la Contra nicaragüense se llevaba a cabo muy cerca de allí, y las armas eran enviadas en los mismos aviones que regresaban cargados de co­caína. La pieza final de la conspiración era manejada por el crimen organizado. Se compró incluso el pequeño First National Bank de Mena para dedicarlo a operaciones de lavado del dinero procedente de la droga, eliminando así cualquier intermediario económico. La operación Irán-Contra incluso superó con creces la invasión de Bahía Cochinos en términos del extravagante elenco de personajes que se necesitaban para llevarla a cabo. Los agentes del FBI y la CÍA trabaja­ban con guerrilleros de derechas, mercenarios contratados para ope­raciones encubiertas, proveedores de armas ilegales, además de tra­ficantes de cocaína y experimentados contrabandistas de drogas con conocimientos de aviación. Barry Seal era uno de estos últimos, y es posible que fuese seleccionado porque contaba con antecedentes de haber transportado explosivos en su avión para los cubanos anticas­tristas y la reputación de ser capaz de volar con «cualquier cosa que tenga alas».

La teoría de la conspiración

Barry Seal ya estaba profundamente implicado en un juego muy pe­ligroso cuando decidió llevar a cabo su propia conspiración privada dentro de una conspiración mayor. En ese punto, las aguas de los acontecimientos mundiales se cerraron cruelmente sobre él, y todos los que lo rodeaban decidieron que representaba un riesgo demasia­do grande como para permitir que siguiera con vida.

La muerte de Barry Seal podría haber quedado como una más de las víctimas misteriosas del mundo del tráfico de drogas, si no hubiese sido porque un avión militar de carga C-123 K, con el nombre Fat Lady pintado en el morro, se estrelló en Nicaragua el 5 de octubre de 1986, seis meses después de su asesinato. El avión transportaba ar­mas y agentes de la CÍA, y la prueba demostró que el aeropuerto de origen había sido Mena. El asunto se complicó aún más por el hecho de que el Fat Lady había pertenecido al difunto Barry Seal.

Cuando los investigadores siguieron esa pista descubrieron que Seal había estado desarrollando más actividades y actuando en más bandos de los que nadie hubiera imaginado, ni siquiera sus jefes y compañeros en la conspiración. Por un lado, Seal estaba organizan­do el suministro de cocaína que en última instancia servía para fi­nanciar a la Contra, y se había convertido en un socio de confianza del jefe del cártel de Cali, Jorge Ochoa Vázquez. Por otro lado, Ochoa estaba organizando una nueva ruta de distribución de cocaína a tra­vés de Nicaragua con la ayuda de los sandinistas, algo que chocaba abiertamente con los planes de la CÍA.

Por si eso no fuese ya suficientemente complicado, Seal también era informante de la DEA, que estaba utilizando una acusación relati­vamente menor, presentada en 1984 por un tribunal de Florida por la­vado de dinero y tráfico de sustancias hipnóticas, para tenerlo contro­lado. La DEA estaba librando la guerra contra las drogas, mientras que la CÍA se encargaba de introducir la cocaína en el país. Resultó que el Fat Lady había sido entregado a Seal por la propia DEA para que pudiese documentar la complicidad de los sandinistas en el tráfico de cocaína. El avión estaba equipado con cámaras ocultas que tomaban fotografías de funcionarios del gobierno nicaragüense cargando la co­caína en el avión. De modo que Seal se encontró transportando cocaí­na para la CÍA y la Contra, al mismo tiempo que llevaba a cabo una misión de la DEA contra los sandinistas, que eran los enemigos de la Contra en la guerra civil que se libraba en Nicaragua. Tal vez Seal pen­só que podía continuar con ese juego, pero cuando la misión de la DEA se acabó y la historia estaba a punto de ser revelada ante el tribu­nal en pleno, su tapadera se derrumbó ante sus múltiples socios. Seal debió saber que no le permitirían vivir el tiempo suficiente para testi­ficar contra Ochoa y los sandinistas.

 

Conclusión

A comienzos de 1986 había un contrato de medio millón de dólares para matar a Seal, pero quién estaba realmente detrás de su muerte no deja de ser una cuestión simplemente académica. Todo el mundo, desde la CÍA hasta los cárteles de Colombia necesitaban silenciar a Seal, y probable­mente las cosas habrían continuado de ese modo si el Fat Lady no se hu­biese estrellado en Nicaragua, haciendo imposible cualquier intento de encubrimiento. En una extraña coincidencia, un lujoso Beechcraft King Air (N6308F), que en otro tiempo había pertenecido a Barry Seal, fue uti­lizado más tarde por el gobernador de Texas, George W. Bush.

El asesinato de Olof Palme. ¿Conspiración o delincuencia común?

Olof Palme

El asesinato del primer ministro sueco, Sven Olof Joachim Palme, y las heridas recibidas por su esposa Lisbet durante el atentado, pusie­ron un terrible fin a la creencia generalizada de que Suecia era un país tan civilizado y ordenado que sus autoridades podían pasear tranquilamente por las calles de la capital sin necesidad de llevar guardaespaldas. Antes del asesinato de Olof Palme en 1986, la muerte más reciente de un jefe de Estado había sido el asesinato del rey Gusta­vo III en 1792.

Olof Palme, quien se había educado principalmente en Estados Unidos, era socialista declarado y una figura dominante de la políti­ca sueca. El 28 de febrero de 1986, poco antes de la medianoche, Pal­me regresaba caminando a su casa, en compañía de su esposa Lisbet, por la calle principal de Estocolmo, Sveaváge, después de haber asis­tido al cine. La pareja fue atacada por un pistolero solitario, quien efectuó dos disparos con un revólver Magnum 357. La primera bala mató a Palme y la segunda dejó herida a Lisbet; el asesino escapó a pie. Christer Pettersson, un ladrón de poca monta y alcohólico, fue arrestado en diciembre de 1988, juzgado y condenado por el asesina­to de Palme, pero más tarde apeló y fue absuelto. A finales de la dé­cada de 1990, después de que aparecieran nuevas pruebas en su con­tra, el fiscal general Klas Bergenstrand solicitó que se realizara un nuevo juicio, pero en mayo de 1998 la Corte Suprema de Suecia re­chazó la demanda. Aunque la policía nunca encontró el arma homi­cida, Pettersson fue señalado en una rueda de reconocimiento por Lisbet Palme, pero la corte de apelaciones puso en duda su testimo­nio. Pettersson incluso recibió cincuenta mil dólares como compen­sación por el tiempo que había pasado en prisión.

A pesar de haber sido declarado inocente, el inestable Pettersson confesó haber dispa­rado a Palme durante una entrevista concedida al escritor sueco Gert Fylking, en 2001: «Por supuesto que fui yo quien le disparó, pero nunca podrán cogerme por ello. El arma desapareció». Más tarde se retractó de estas palabras y dijo que nunca había estado implicado en el asesinato de Palme. Una vasta caza del hombre, una recompensa de 8,6 millones de dólares y más de catorce mil pistas no han conse­guido dar con otro sospechoso.

Teorías de la conspiración

El asesinato de Olof Palme permanece sin resolver, pero ha generado toda una serie de teorías de la conspiración que culpan a medio mundo, desde militantes kurdos hasta agentes de derechas de la po­licía sueca. La dificultad reside en el hecho de que Palme estaba tan decididamente no alineado que resulta complicado aislar a un único enemigo político.

Olof Palme era una figura política muy controvertida y con opinio­nes muy arraigadas. Criticó a Estados Unidos por su intervención en la guerra de Vietnam y su política en América Central, y a la Unión Soviética por la invasión de Afganistán; luchó contra la proliferación nuclear y condenó abiertamente la política del apartheid practicada por el gobierno de Sudáfrica.

Las mayores sospechas han recaído siempre en el gobierno pre­apartheid sudafricano, y el reciente testimonio de ex agentes de la policía secreta de aquel país ante la Comisión de la Verdad y la Re­conciliación parece añadir credibilidad a estas sospechas. Dirk Coetzee, supuestamente un oficial de alto rango de la unidad de homicidios de la policía, afirmó que el asesinato de Palme fue parte de una operación, llamada «Long Reach» (Largo alcance), llevada a cabo por una unidad de la policía secreta sudafricana dirigida por Craig Williamson. Éste reconoció que estuvo implicado en otros tres asesinatos, pero niega cualquier participación en el de Palme. Según la agencia de noticias sueca TT, ochenta o noventa agentes sudafricanos participaron en la planificación del asesinato y se llevó a cabo con la connivencia tácita de la CÍA, mientras la adminis­tración Reagan y el gobierno de Margaret Thatcher harían la vista gorda.

 

Conclusión:

A falta de pruebas concluyentes, Petersson carecía de móviles para el crimen. Por nuestra parte, aunque no podamos determinar si son creíbles las líneas que conducen a los servicios secretos surafricanos, nos inclinamos a pensar que se trató de una conspiración aún no ha aclarada. La muerte de un político enfrentado a la vez con tantos y tan poderosos países no parece probable que sea casual. Sin embargo, tampoco se puede asegurar declaradamente otra cosa.

La burbuja de los Mares del Sur. Una locura de especuladores

Cotización de las acciones de la Compañía de los Mares del Sur

Durante los hechos que luego fueron conocidos como burbuja de lso Mares del Sur, los especuladores del siglo XVIII perdieron millones en acciones de negocios inexistentes. La crisis que sucedió a aquel extraño hecho fue tan grave que se puede encontrar aún reflejada en algunas obras literarias clásica como la poesía de John Pope:

«Ningún barco descargado, ni los telares trabajando, Todos han sido tragados por la maldita South Sea.»

Algun0s hablan de estos hechos como el primer timo de la City de Londres, donde miles de personas fueron engañadas para que invir­tiesen en acciones en negocios inexistentes en el Atlántico Sur. La fie­bre del beneficio rápido impulsó inversiones en negocios ficticios en esa zona con intereses de casi el ciento por ciento. En un momento dado, las acciones subieron desde ciento veintiocho a mil cincuenta libras esterlinas, sólo para derrumbarse nuevamente a ciento vein­tiocho libras apenas unos días más tarde, lo que llevó a muchos de los deudores ante los tribunales y a prisión, mientras que otros opta­ron por el suicidio. Algunos acabaron con sus huesos en la Torre de Londres; al producirse este escándalo en el siglo xvín, los especula­dores tendían a pertenecer a una clase que se identificaba más a sí misma en la Torre de Londres antes que colgando de una cuerda en Newgate. Algunos sostienen que la burbuja de South Sea fue la ruina de toda una generación de especuladores en Inglaterra.

La Compañía de los mares del sur (South Sea Company), fundada en 1711 por Robert Harley (entonces jefe del partido Tory), logró el monopolio sobre el comercio con las colonias españolas en América. La compañía, a cambio, aceptó cambiar diez millones de libras en bonos del tesoro contra las acciones a una tasa de interés del 6%, lo que equivalía a una renta perpetua para los inversores.

El primer viaje comercial hacia América tuvo lugar en 1717, pero la ganancia fue poca. En 1718, las relaciones entre España y Gran Bretaña se deterioraron, lo que ensombreció las perspectivas de la compañía. Aun así, seguía manteniendo que era inmensamente provechosa a largo plazo. En 1717, se hizo cargo de diez millones de libras suplementarias de deuda pública contra una nueva emisión de títulos.

La compañía divulgó rumores cada vez más extravagantes sobre el valor potencial de su comercio con el Nuevo Mundo, lo que tuvo el efecto de desatar la especulación. Las acciones subieron rápidamente, pasando de 128 libras en enero de 1720 a 550 a finales de mayo.

La compañía obtuvo la licencia real para comerciar en exclusiva de manera que su atractivo aumentó y sus acciones llegaron a las 890 libras a principios de junio. Este pico incitó a algunos inversores a vender; para limitar la presión bajistas, los directores de la compañía ordenaron a sus agentes comprar títulos, manteniendo así su valor en torno a las 750 libras.

Lo que realmente agravó el desastre de la Compañía South Sea fue el hecho de que estaba totalmente respaldada por el parlamento y la realeza. La especulación en proyectos vinculados a la compañía South Sea provocó una avalancha de inversiones de gente que espe­raba obtener una pequeña fortuna de ese proyecto (el arriba mencio­nado poeta, Pope, se encontraba supuestamente entre estos inverso­res). Los hombres de negocios que habían lanzado la compañía South Sea abandonaron la ciudad de puntillas.

En aquella época se calculó que en el escándalo se habían perdido entre nueve y vein­te millones de libras esterlinas, una cifra que hoy equivale a miles de millones de dólares, con el agravante de que la riqueza total de la época era cientos de veces inferior a la actual.

Conclusión:

Que Robert Harley sabía que estaba vendiendo humo es algo probado. Como en tantos y tantos casos de índole económica, es imposible saber hasta qué punto los funcionari0s del Tesoro Británico, y los políticos de la época, aceptaron dinero o favores a cambio de sostener y fomentar la especulación sobre esta compañía.

Fuentes: Wikipedia y diversas fuentes, elaboradas pro este blog.

El asesinato de Toro Sentado. Un caso de limpieza étnica

El jefe indio Toro Sentado («Tatanka-Lyotanka»),

El jefe indio Toro Sentado nació en Grand Silver, Dakota del Sur en 1831 y falleció en 1890, en la reserva india de Standing Rock, Dakota del Sur.

Se trata de un caso de miedo al prestigio, y este jefe indio tenía un gran predicamento entre los suyos, pro lo que las autoridades norteamericanas lo seguían considerando una amenaza.

Toro Sentado («Tatanka-Lyotanka»), jefe y hechicero de la tri­bu lakota, era considerado generalmente como el último represen­tante de los sioux en rendirse al gobierno de Estados Unidos y, como tal, los blancos lo miraban con profunda desconfianza.

Aunque Toro Sentado fue una figura legendaria en la batalla de los nativos Ameri­canos contra la expansión de los blancos hacia el Oeste de Estados Unidos, no participó en la resistencia hasta los últimos momentos de la lucha. Después de que la fiebre del oro de 1868 en las montañas Negras rompiese el Tratado de Fort Laramie, que estaba destinado a proteger las tierras de los indios, Toro Sentado tuvo su famosa visión mística que anticipó la terrible derrota del de Caballería del ge­neral George Armstrong Custer ante los lakota.

Aunque victoriosos ante Custer, Toro Sentado y su pueblo no pudieron resistir la inva­sión de colonos blancos y, en el duro invierno de 1881, finalmente rindieron sus armas al ejército de Estados Unidos.

El jefe indio pasó dos años en prisión antes de ser trasladado a la reserva de Standing Rock, aunque en 1885 las autoridades le permitieron realizar una gira por Europa, participando del espectáculo del salvaje Oeste de Búfalo Bill. En este sentido hubo un gran debate entre los indios, pues mientras unos lo consideraban indigno para su pueblo, otros pensaban que era una oportunidad ùnica para hacer conocer a otros pueblos su existencia y su problemática.

El rápido aumento (y la enorme popularidad) del culto de la dan­za fantasma entre los nativos norteamericanos en 1890 asustó a las autoridades estadounidenses —pensaban que esa ceremonia conse­guiría vaciar la tierra de habitantes blancos y restauraría la forma de vida india—, y los agentes a cargo de los indios llamaron a la caballe­ría.

Temían que Toro Sentado se uniera a los seguidores de la danza fantasma y por eso cuarenta y tres policías de Lakota irrumpieron, antes del amanecer del 15 de diciembre de 1890, en su cabaña de Standing Rock y le arrastraron fuera de ella. Sus seguidores se reu­nieron en torno a él para tratar de protegerlo pero, en el tiroteo que siguió a estos hechos, uno de los policías de Lakota atravesó la cabe­za de Toro Sentado con una bala.

Según parece, la mueret de Toro Sentado estaba ya decidida desde un principio, y por eso eligieron ese modo de detenerlo, en su propia reserva y entre su propia gente, seguros de que se organizarían un tumulto en el que fuese posible acabar con su vida sin la publicidad posterior de un juicio en el que, por otra parte, no había muchas garantías de que resultase condenado.

 

Conclusión:

Los pocos documentos que hay de la época no permiten afirmar de una manera concluyente que alguien decidiese su muerte, pero los periódicos del momento abundan en artículos pidiendo la decapitación de cualquier movimiento indio de resistencia que entorpeciese la conquista y explotación del Oeste y sus enormes recursos naturales. Cabe recordar que en aquella época se consideraba retrasados mentales a los indios y, según terminología del momento “gente sin derecho a vivir”.

A nosotros no nos cabe duda de que fue un asesinato político, con graves tintes racistas y de limpieza étnica y cultural.

El asesinato de Mahatma Gandhi. ¿Una conspiración?

Mohandas Karamchand Gandhi

Resulta una tremenda  ironía  que el más famoso y efi­caz defensor del cambio político no violento en el siglo xx —y tal vez de toda la historia de la humanidad— cayese abatido por las balas de un asesino. O quizás no tan irónico, sino perfectamente comprensible conociendo la naturaleza humana.

Desde su asesinato a manos de un fanático indio en 1948, Mohan­das Karamchand Gandhi ha sido elevado a una especie de santidad. Su modelo de satyagraha, de protesta no violenta, a través de una tác­tica que incluía la resistencia pasiva y la huelga de hambre, consi­guió poner fin a la dominación colonial británica en la India, consi­derada alguna vez como la «joya de la corona» del Imperio británico. Gandhi inspiró movimientos de protesta en todo el mundo y tam­bién a generaciones de activistas democráticos y antirracistas, inclu­yendo a Martin Luther King y Nelson Mándela.

Descendiente de una familia burguesa co­merciante, Ghandi entró en la Universidad de Londres a los diecinueve años para estudiar Derecho. Después de ser admitido en el cuerpo de abogados británico, una firma india lo envió a Sudáfri­ca, donde protestó por la discriminación legal y racial que sufrían los indios en ese país; fue arrestado cuando encabezaba una marcha de mineros indios.

Durante la primera guerra mundial, Gandhi regresó a la India, donde se unió al Congreso Nacional Indio y al movimiento por la in­dependencia. En las décadas de 1920 y 1930 atrajo la atención del mundo por su uso del ayuno y la desobediencia civil como formas de protesta, y por su participación en incidentes como la Marcha Dandi de 1930, cuando dirigió a miles de indios hasta el mar para que reco­giesen su propia sal en lugar de pagar el impuesto británico a ese condimento.

Sobre el impuesto de la sal habría mucho que hablar, pero en resumen se trata de prohibir a los indios que recojan o extraigan su propia sal para poder cobrarla a precios realmente abusivos y recaudar así un impuesto del que nadie podría librarse. Por ello, el hecho de extraer sal del mar io de cualquier yacimiento era considerado un delito gravísimo de contrabando y evasión de impuestos, lo que dejaba a lso más humildes expuestos a toda clase de enfermedades.

Una vez acabada la segunda guerra mundial, y después de la retirada británica de la India, Gandhi respondió a los sangrien­tos enfrentamientos entre indios y musulmanes amenazando con iniciar una huelga de hambre total a menos que cesase la violencia. Gandhi se oponía de forma terminante a cualquier plan que contem­plase la separación de la India en dos países. Sin embargo, el plan fue adoptado finalmente y se crearon una India seglar, pero de mayoría hindú, y un Pakistán islámico. El día de la transmisión de poderes, Gandhi no lo celebró, sino que lo vivió como un duelo.

La teoría de la conspiración sobre su muerte

La división de la India también sería responsable, indirectamente, de la muerte de Gandhi, ya que tanto su asesino, Nathu Ram Godse, como Madan Lal, quien había intentado matar a Gandhi con una bomba diez días antes, pertenecían al mismo grupo indio de dere­chas y clase alta que se oponía violentamente a la entrega de un Esta­do separado a los musulmanes y que, irracionalmente, culpaba de ello al propio Gandhi. De hecho, más que culparlo pro promover este desmán, lo culpaban por no haber hecho nada efectivo para evitarlo, lo que desde su punto de vista lo hacía responsable de la división por haberla consentido.

La bomba de Lal estalló en Birla House, en Nueva Delhi, donde Gandhi estaba presidiendo una reunión para orar, pero éste no se enteró de la explosión; Madan Lal fracasó en su intento de asesinato. Godse, el otro conspirador, acudió a otra de las reuniones convo­cadas por Gandhi para orar en la tarde del 30 de enero. Después de haber saludado al Mahatma, Godse extrajo una pistola semiauto­mática de entre sus ropas y, delante de cientos de testigos, disparó tres veces. Gandhi se desplomó inmediatamente pronunciando las palabras He Rama («Oh, Dios»). Godse fue juzgado, condenado y eje­cutado.

Conclusión:

Se trata efectivamente de una conspiración, pero no hay prueba alguna de participación exterior en este atentado. De hecho, no había particular interés para ello, desde nuestro punto de vista, ni en soviéticos ni en americanos. Los únicos posibles sospechosos serían los británicos y por simple venganza, pero no  hay prueba alguna de ello, ni indicios siquiera.

Se trata, pues, de una conjura política interior.

 

El monolito espacial extraterrestre que vieron Gagarin y la NASA. Conspiración novelesca.

Módulo de mando del Apolo X

Según una curiosa y extraña teoría de la conspiración, un satélite alienígena fue avistado por los astronautas de la Apolo 10 y por Yuri Gagarin, de modo que se organizó una expedixciñón posterior  por parte de la NASA para recupeerarlo

En mayo de 1969, los astronautas de la misión Apolo 10, Tom Staf­ford, John Young y Eugene Cernan, viajaron a la luna en un «ensayo general» final para la misión de alunizaje de la Apolo 11. La tripula­ción de la Apolo 10 debía acercarse a unos cuantos cientos de metros de la superficie lunar, más cerca de lo que nunca había estado el hombre, registrando datos y examinando las posibles zonas de alu­nizaje para el siguiente e histórico vuelo espacial.

Stafford y Cernan descendieron hacia la superficie de la Luna en el módulo lunar mientras Young mantenía una órbita regular a 110 kilómetros de altura a bordo del módulo de mando, exactamente como lo harían los tripulantes de la Apolo 11 dos meses más tarde. Los astronautas se encontraron con numerosos problemas durante la misión, incluyendo la presencia de hidrógeno en el agua potable, un fallo en el mecanismo de cierre del módulo de mando y fallos inter­mitentes en las comunicaciones entre los módulos lunar y de mando y con el Centro Espacial, pero la misión se desarrolló prácticamente como se había previsto. Los astronautas entraron nuevamente en la atmósfera terrestre a la mayor velocidad desarrollada hasta ese mo­mento —casi 40.000 km/h— y la cápsula espacial impactó en aguas del Pacífico treinta y cinco segundos después del horario fijado.

Y esto es todo lo que oficialmente se sabe de la misión.

Sin embargo, el  encubrimiento y la opacidad que algunas personas creen que rodea la misión Apolo 10 incluye un satélite alienígena o una baliza de comunicacio­nes conocida como «el monolito». Se dice que la tripulación de la Apo­lo 10 se acercó a la baliza, del modo en que se describe en la obra de Arthur C. Clarke  El centinela (la novela cor­ta en la que Stanley Kubrick basó su famosa película 2001: Una odisea del espacio, en 1968), en una desviación clandestina del programa de la misión, para filmar y fotografiar el mensaje y el mapa estelar grabado en su superficie. Las señales de energía que emitía el monolito provo­caron varios fallos de funcionamiento eléctrico y afectaron de tal modo las comunicaciones a bordo de la Apolo 10, que estuvieron a punto de impedir que regresara a la Tierra. Este artefacto alienígena había sido observado también por el primer hombre en viajar al espa­cio, el cosmonauta soviético Yuri Gagarin, en 1961, y permaneció en órbita hasta 1972, cuando la NASA envió una lanzadera militar expe­rimental para recuperarlo y estudiarlo en un centro de investigación espacial ultrasecreto de Estados Unidos, en  nstalaciones situadas bajo el agua con cúpula al norte de Abaco, La más septentrional de las Islas Bahamas. RCA Corporation se encarga de que la investigación la experimentación, dice un tal Jesse .

Jesse dijo : ” Lo hicieron bajo el agua , después de ver gente cayendo como moscas. Pensaron que sería mejor [ la contención de los sospechosos del Monolito de emanaciones energía cósmica ] bajo el agua. ” Señaló que la baliza espacio ” tiene un sonido a él, como habla . También da origen a un espectáculo de luces. ”

“Ellos son ” postales de la llanta . Emiten la luz y las señales de tono , el envío de un lenguaje matemático. Puede haber cinco o más civilizaciones ET conlleva la creación de estos faros . ”
Entre los científicos que trabajaron en ella fueron el astrónomo famoso Dr. Carl Sagan, Ejército de los EE.UU. Comando de Inteligencia y Seguridad General William Stubblebine, (r) , asesor del Consejo Nacional de Seguridad Dr. Michael Wolf, Y una antigua división jefe de la CIA.

Todos los que habían prolongado el contacto físico con el Monolito tienen cáncer, dice Jesse .
” Y los que trataban de diseccionar el Monolito murió allí mismo en el acto. ”
Lo que no sabemos es de dónde pudo salir semejante idea.

Como cabría esperar, existen muy pocas pruebas que demuestren esta teoría. Gagarin murió en un accidente aéreo en 1968, el año ante­rior a la misión de la Apolo 10, y ninguno de los astronautas mencio­nó jamás la existencia de ese monolito. Los problemas que tuvo la Apolo 10 estaban relacionados más con pequeños fallos de funciona­miento y equipo defectuoso que con la interferencia causada por una fuente exterior. Aunque volvieron a entrar en la atmósfera terrestre a una velocidad nunca alcanzada antes por ningún vuelo Apolo, no existe ninguna razón para suponer que este hecho entrañara nada sospechoso, y el hecho de que cayeran al mar pocos segundos más tarde del tiempo previsto, que había sido meticulosamente planifica­do meses antes, significa que los astronautas no pudieron disponer de ningún tiempo extra para examinar un satélite alienígena.

Aun cuando hubiesen deseado acercarse al monolito, localizarlo en el espacio y maniobrar hacia él no habría estado al alcance de las limitadas capacidades de la nave Apolo, que sólo tenía que viajar a la Luna y regresar, sin ningún margen del diseño de la misión que le permitiese hacer algo más. En cuanto a la lanzadera militar experi­mental enviada por la NASA en 1972 para recuperar el monolito, pa­rece altamente improbable que, si una tecnología tan avanzada esta­ba disponible en Estados Unidos, la Apolo 17 realizara su peligroso viaje a la luna aquel mismo año utilizando sistemas idénticos a los que habían llevado todos los vuelos espaciales previos de la NASA. En cualquier caso, los observadores espaciales habrían avistado sin duda esa lanzadera cuando despegaba o regresaba a la Tierra, des­pués de haber cumplido su misión encubierta en el espacio.

La primera misión real de una lanzadera espacial, comandada por el astronauta de la Apolo 10 John Young, no se llevó a cabo hasta 1981, o sea nueve años después de la misión «secreta» de la lanzade­ra experimental. Nueve años de investigación, pruebas y experiencia operacional con una lanzadera militar habrían ayudado sin duda a superar los problemas que afectaron a la versión «civil» de alto perfil de la NASA.

CONCLUSIÓN

Es completamente factible que astronautas y cosmonautas pudieran haber visto partes desechables de nuestros propios cohetes o satéli­tes orbitando como «basura espacial». Sin embargo, esa basura espa­cial se convierte rápidamente en un «monolito alienígena» cuando los informes de los astronautas que dicen haber «visto algo» llegan a aquellas personas que realmente desean creer que ese objeto existe. La leyenda del monolito, aparentemente, le debe mucho más a la ciencia ficción que a los hechos históricos.

En el futuro seguiremos hablando de estos casos, pues al parecer, según las teorías conspirativas, en la luna se ha encontrado de todo: construcciones, una momia…

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