web analytics
Los Templarios, ¿culpables o inocentes? Una conspiración histórica - Conspiración

Los Templarios, ¿culpables o inocentes? Una conspiración histórica

Posted by | Filed under Conspiraciones veraces, Historia | Nov 7, 2014 | Tags: , | 2 Comments
No a nosotros, Señor, sino a tu nombre dale la Gloria.

No a nosotros, Señor, sino a tu nombre dale la Gloria.

Este tema, como curiosidad, lo vamos a bordar desde el punto de vista de lo que dice la historia Oficial de la Iglesia Católica. El texto es quizás un poco antiguo, pero vale la pena. Os dejo con él:

Propongámonos, para terminar, la cuestión de la culpabilidad o inocencia de los Templarios. Trátase de la Orden en cuanto tal, no de los individuos en particular, entre los cuales, sin duda, había algunos, como en cualquier otra Orden, indig­nos de su vocación.

Lo que se pregunta es : Aquellos crímenes que se imputaban a toda la Orden—el renegar de Cristo, el escupir a la cruz, la incitación a la sodomía, los ósculos obscenos, la adoración del ídolo Bafomet, la cele­bración de la misa sin intención de consagrar—, ¿respondían a la reali­dad o no, eran prescripciones oficiales o invenciones fantásticas de sus enemigos ?

Fuera de Francia, es claro y evidente: no se dieron tales delitos. Pero ¿qué decir de los Templarios franceses? Inducidos por las con­fesiones de muchos de los acusados y por la intensa campaña que se promovió de parte de las autoridades, los cronistas franceses de la época y todos los historiadores posteriores que de ellos dependían dieron crédito a todas las acusaciones oficiales y no dudaron de la cul­pabilidad monstruosa de los reos. Y la mayoría de los escritores mo­dermos, hasta fines del siglo xix, siguieron en la misma persuasión, unos firmando la culpabilidad como cierta y demostrada, otros al menos como muy probable.

Empeñados algunos en dar una explicación his­tórica de hecho tan extraño, sospecharon que los Templarios, por su contacto con el Oriente, se habían contagiado—¿quién sabe cómo?— de la herejía gnóstica de los ofitas; otros sostuvieron que en aquella Orden reinaba la doctrina secreta de los albigenses y luciferianos. Y es notable que el mismo Michelet, que publicó los procesos de París con todas las iniquidades y violencias que allí perpetraron los jueces y verdugos, no abriese los ojos para ver o por lo menos barruntar la inocencia de los reos.

Una nueva época se abre con los escritos de Boutaric, Langlois, Lizerand y, sobre todo, Enrique Finke, cuya obra fundamental sobre la materia data de 1907. Hoy día ningún historiador serio se atreve a  dar como probables aquellas absurdas patrañas inventadas en la corte de Felipe el Hermoso, aunque vengan corroboradas con el testimonio de unos infelices caballeros, valerosos en el campo de batalla, pero miserablemente cobardes y acoquinados ante un legista o un inqui­sidor.

»Hagamos nosotros algunas reflexiones.

a) Los Templarios eran acusados de herejía habitual, de idola­tría y de continuas perversiones en actos oficiales de la Orden. Pues bien: ¿no es realmente muy extraño que, habiéndose apoderado los ministros del rey subitamente y por sorpresa de todos los archivos »posesiones, en ninguna parte encontrasen un documento herético o Comprometedor, una regla secreta, un ídolo o un instrumento supersticioso?

b) Si herejes, ¿cómo se explica que ni uno solo defendiese con pertinacia sus herejías? En cualquier otra secta ha habido mártires o defensores obstinados; en la Orden del Templo, aun los que confiesan haber abrazado el error, piden y ruegan ser absueltos enseguida.

c) Di cese que todos en el acto solemne de ingreso ejecutaban petos impúdicos e irreverentes y que se les exhortaba a cometer des­pués otros mayores; pero también se dice que en adelante no los co­metían. Unos degenerados como parecen éstos tendrían que cometer otros pecados; y, sin embargo, no hay pruebas de ello. ¿Es esto moral- mente posible? Por otra parte, no hay duda que en la Orden había habido personas de gran virtud e integridad; ¿cómo éstas no se cre­yeron obligadas a denunciar las supuestas infamias prescritas en el ceremonial?

d) Examinando las deposiciones de los procesados, hallamos en­tera unanimidad en admitir el hecho culpable, pero gran diversidad en las circunstancias con que lo describen. Interrogados, v.gr., si es cierto que adoraban un ídolo, responden afirmativamente; y por com­placer a los temidos jueces quieren precisar más, y uno dice que el ídolo era de color negro; otro, que era blanco o dorado; otro, que con dos caras y cuatro pies; otro, que era una estatua y que parecía del Salvador ; otro, que era una pintura ; y no falta quien afirme que era Bafomet o Mahomet. El miedo excitaba su fantasía y les hacía mentir.

e) En la descripción de los pecados se dicen tales inverosimili­tudes, que bastan para dudar del hecho en sí. ¿Quién creerá, por ejem­plo, que al novicio se le exhortaba al vicio nefando, precisamente en el momento en que con toda verdad promete y se le exige voto de castidad? ¿Que mientras toma la cruz y la besa, comprometiéndose a luchar y dar la vida por ella, se le obligue a escupirla sacrilegamente? Los que creen en la veracidad de aquellas confesiones, deberán creer en testificaciones como las siguientes: que en la recepción de los freyres se aparecía un gato negro—según otros, blanco—, al cual ha­cían reverencia besándole suciamente «in ano», el cual gato aparecía y desaparecía misteriosamente estando las puertas y ventanas cerradas ; que se daban también apariciones de demonios en forma de muje­res, etc.

f) El argumento más fuerte contra los Templarios lo constituyen sus propias confesiones. Ahora bien, estas confesiones no tienen valor alguno, ya que fueron arrancadas a poder de tormentos y amenazas y de muchas de ellas se retractaron públicamente sus autores. Sabemos que en ocasiones también el oro demostró su potencia persuasiva, y alguna vez se dio el caso de hombres ignorantes y sencillos que, no entendiendo bien el interrogatorio y oyendo que el papa en su bula había afirmado ser verdaderos aquellos crímenes de la Orden, los ad­mitían también ellos ingenuamente .

g) Finalmente, el concilio de Vienne, concilio universal, pero predominantemente francés, en el que había muchísimos partidarios del rey de Francia, declaró, después de estudiar detenidamente las actas de los procesos, que no podía demostrarse la culpabilidad de la Orden ; y Clemente V, tan deseoso de complacer a Felipe el Hermoso, no se atrevió a dictar sentencia de condenación contra los Templarios.

 

Conclusión: aunque el tema da para al menos una docena de artículos por su importancia y complejidad, parece perfectamente claro que se trató de una conspiración del rey de Francia para apropiarse de los bienes de los Templarios y detener su creciente poder político y militar.

günstige unterkunft, billig unterkünfte, günstige pensionen, billige hostel, hotels und pensionen, billige zimmer, billig übernachtung, last minute urlaub

Share

2 Responses to “Los Templarios, ¿culpables o inocentes? Una conspiración histórica”


     

     

    Leave a Reply

    Name (required)

    Actos Asesinato barco Caption Cia conspiración El Comunismo Ellos El Mundial El Mundo Era Estaban Europa Occidental EvolucióN Humana Extraterrestres Fbi Fuentes Ganser Gladio Guerra Sucia holocausto Humana Italia judíos La Luz La Muerte La Naturaleza La Verdad Los Secretos Lso mafia muerte nazis New Age O Sea Principal Que Es Sin Sin Embargo sionismo Stalin USA Uso Wikipedia Ya