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La burbuja de los Mares del Sur. Una locura de especuladores

Cotización de las acciones de la Compañía de los Mares del Sur

Durante los hechos que luego fueron conocidos como burbuja de lso Mares del Sur, los especuladores del siglo XVIII perdieron millones en acciones de negocios inexistentes. La crisis que sucedió a aquel extraño hecho fue tan grave que se puede encontrar aún reflejada en algunas obras literarias clásica como la poesía de John Pope:

«Ningún barco descargado, ni los telares trabajando, Todos han sido tragados por la maldita South Sea.»

Algun0s hablan de estos hechos como el primer timo de la City de Londres, donde miles de personas fueron engañadas para que invir­tiesen en acciones en negocios inexistentes en el Atlántico Sur. La fie­bre del beneficio rápido impulsó inversiones en negocios ficticios en esa zona con intereses de casi el ciento por ciento. En un momento dado, las acciones subieron desde ciento veintiocho a mil cincuenta libras esterlinas, sólo para derrumbarse nuevamente a ciento vein­tiocho libras apenas unos días más tarde, lo que llevó a muchos de los deudores ante los tribunales y a prisión, mientras que otros opta­ron por el suicidio. Algunos acabaron con sus huesos en la Torre de Londres; al producirse este escándalo en el siglo xvín, los especula­dores tendían a pertenecer a una clase que se identificaba más a sí misma en la Torre de Londres antes que colgando de una cuerda en Newgate. Algunos sostienen que la burbuja de South Sea fue la ruina de toda una generación de especuladores en Inglaterra.

La Compañía de los mares del sur (South Sea Company), fundada en 1711 por Robert Harley (entonces jefe del partido Tory), logró el monopolio sobre el comercio con las colonias españolas en América. La compañía, a cambio, aceptó cambiar diez millones de libras en bonos del tesoro contra las acciones a una tasa de interés del 6%, lo que equivalía a una renta perpetua para los inversores.

El primer viaje comercial hacia América tuvo lugar en 1717, pero la ganancia fue poca. En 1718, las relaciones entre España y Gran Bretaña se deterioraron, lo que ensombreció las perspectivas de la compañía. Aun así, seguía manteniendo que era inmensamente provechosa a largo plazo. En 1717, se hizo cargo de diez millones de libras suplementarias de deuda pública contra una nueva emisión de títulos.

La compañía divulgó rumores cada vez más extravagantes sobre el valor potencial de su comercio con el Nuevo Mundo, lo que tuvo el efecto de desatar la especulación. Las acciones subieron rápidamente, pasando de 128 libras en enero de 1720 a 550 a finales de mayo.

La compañía obtuvo la licencia real para comerciar en exclusiva de manera que su atractivo aumentó y sus acciones llegaron a las 890 libras a principios de junio. Este pico incitó a algunos inversores a vender; para limitar la presión bajistas, los directores de la compañía ordenaron a sus agentes comprar títulos, manteniendo así su valor en torno a las 750 libras.

Lo que realmente agravó el desastre de la Compañía South Sea fue el hecho de que estaba totalmente respaldada por el parlamento y la realeza. La especulación en proyectos vinculados a la compañía South Sea provocó una avalancha de inversiones de gente que espe­raba obtener una pequeña fortuna de ese proyecto (el arriba mencio­nado poeta, Pope, se encontraba supuestamente entre estos inverso­res). Los hombres de negocios que habían lanzado la compañía South Sea abandonaron la ciudad de puntillas.

En aquella época se calculó que en el escándalo se habían perdido entre nueve y vein­te millones de libras esterlinas, una cifra que hoy equivale a miles de millones de dólares, con el agravante de que la riqueza total de la época era cientos de veces inferior a la actual.

Conclusión:

Que Robert Harley sabía que estaba vendiendo humo es algo probado. Como en tantos y tantos casos de índole económica, es imposible saber hasta qué punto los funcionari0s del Tesoro Británico, y los políticos de la época, aceptaron dinero o favores a cambio de sostener y fomentar la especulación sobre esta compañía.

Fuentes: Wikipedia y diversas fuentes, elaboradas pro este blog.

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El caso del Rubicón y la necesidad de interrogar a un perro.

Lo vio todo...

Como no lo sabemos todo, a veces ocurren cosas para las que no disponemos de explicación plausible y, en esos casos, nosotros solemos optar por la conspiración antes que por el milagro o la explicación paranormal. O dicho de otro modo: es más plausible que un grupo de gente haya decidido cometer un delito y conspirar para ello que tener que suponer que una nave extraterrestre interviene en los hechos. Sabemos que las conspiraciones existen, aunque muchas de las que se manejan por ahí sean inventadas, pero no hay pruebas hasta la fecha de que las abducciones sean una posibilidad real.

En ese sentido, uno de los casos más curiosos de los que hemos tenido noticia es la extraña desaparición y posterior reaparición del buque Rubicón, el 22 de octubre de 1944. El barco desapareció en lo que se ha dado en llamar Triángulo de las Bermudas (ya hablaremos de eso otro día) y volvió a aparecer más tarde delante de las costas de Florida, sin pasajeros a bordo.  Solamente se encontró un perro famélico, que fue analizado de varias maneras para poder resolver el misterio, pero no hubo manera de obtener de él más información que el hambre que tenía y la ausencia de venenos químicos o situaciones similares que explicasen la muerte o desaparición del resto de ocupantes del buque.

Como dato curioso, cabe destacar que el barco, según su cuaderno de bitácora, había permanecido hasta el 26 de septiembre en el puerto de La Habana, y desde esa fecha no había más anotaciones.

La falta de botes salvavidas sugería que la tripulación se había marchado precipitadamente. Cuando por alguna razón la tripulación se va del barco es sumamente extraño que no se lleve a los perros u otros animales que haya a bordo. La tripulación del barco no volvió a aparecer nunca, y aunque hay quien apunta a que fueron secuestrados por extraterrestres interesados en nuestra comunicación oral y que por eso no les interesó el perro, es más fácil pensar en que los hechos fueron protagonizados por piratas o cualquier otro tipo de delincuentes y que el perro se escapó de ellos para esconderse en alguna bodega donde, obviamente, nadie se molestó en buscarlo.

Conclusión:

Se trata de un casi civil y penal sin resolver, lo que puede considerarse una conspiración en sentido estricto, es decir, un acuerdo delictivo y oculto como pueda ser un plan para cometer un atraco. La necesidad de interrogar al perro, único testigo,  no dio muchas facilidades precisamente a los agentes de la Guardia Costera norteamericana.

Podría confirmarse que se trató de una abducción por extraterrestres interesados en la comunicación oral humana si en el futuro se constatara que los extraterrestres hablan español con acento caribeño. Disculpen los lectores, pero no he podido evitarlo.

 

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