web analytics
W3vina.COM Free Wordpress Themes Joomla Templates Best Wordpress Themes Premium Wordpress Themes Top Best Wordpress Themes 2012

Barry Seal, el narcotraficante al que odiaban por otra cosa

Barry Seal

El 19 de febrero de 1986, Adler B. (Barry) Seal estaba saliendo de su Cadillac blanco en el aparcamiento del Centro de Tratamiento Co­munitario del Ejército de Salvación, en Baton Rouge, Louisiana, cuando fue muerto a tiros por un colombiano que le disparó con una pequeña metralleta. Seal tenía fama de haber introducido en Estados Unidos más de cincuenta millones de dólares en drogas procedentes de América del Sur entre 1977 y 1986.

La muerte de Barry Seal marcó el inicio de un complicado proce­so que acabó revelando detalles cruciales de la conspiración Irán-Contra e implicando a muchos miembros de la élite del poder de la administración Reagan, incluyendo a George H. W. Bush, Oliver North, Dewey Clarridge, John Pointdexter, Caspar Weinberger e in­cluso al joven Bill Clinton, quien por entonces era el gobernador de Arkansas.

En aquella época, los guerrilleros de extrema derecha de la Con­tra estaban tratando de derrocar al gobierno sandinista de Nicara­gua. En 1984, el Congreso estadounidense había suspendido el sumi­nistro de fondos a la resistencia nicaragüense, pero los partidarios de la línea dura de la administración Reagan y la CÍA querían conti­nuar la lucha, y rápidamente dieron con un medio obvio de conse­guir el dinero. El jefe de la CÍA en Costa Rica, Joe Fernández, sabía que el FDN (Fuerza Democrática de Nicaragua) —la Contra— nece­sitaba fondos alternativos, y que esos fondos podrían conseguirse del floreciente tráfico de drogas que se realizaba en América Central. La cocaína se obtenía en Colombia y se llevaba a Panamá, donde los cargamentos estaban protegidos por las fuerzas de defensa paname­ñas. Desde Panamá, las drogas pasaban a través de Costa Rica, don­de los envíos eran personalmente supervisados por el ministro de Seguridad Pública. Los vuelos hacia su destino final en Estados Uni­

162 dos eran controlados por el FBI y la CÍA, y el pequeño aeropuerto de Mena, en Arkansas, fue preparado como un punto de entrada encu­bierto, libre de la interferencia de la aduana estadounidense o de la Agencia de Lucha Antidroga (DEA).

Elegida por la CÍA porque la agencia consideraba Arkansas una especie de república bananera dentro de Estados Unidos —donde los políticos podían ser comprados por poco dinero—, Mena se con­virtió muy pronto en el centro estadounidense de las operaciones Irán-Contra. El entrenamiento clandestino de los guerrilleros de la Contra nicaragüense se llevaba a cabo muy cerca de allí, y las armas eran enviadas en los mismos aviones que regresaban cargados de co­caína. La pieza final de la conspiración era manejada por el crimen organizado. Se compró incluso el pequeño First National Bank de Mena para dedicarlo a operaciones de lavado del dinero procedente de la droga, eliminando así cualquier intermediario económico. La operación Irán-Contra incluso superó con creces la invasión de Bahía Cochinos en términos del extravagante elenco de personajes que se necesitaban para llevarla a cabo. Los agentes del FBI y la CÍA trabaja­ban con guerrilleros de derechas, mercenarios contratados para ope­raciones encubiertas, proveedores de armas ilegales, además de tra­ficantes de cocaína y experimentados contrabandistas de drogas con conocimientos de aviación. Barry Seal era uno de estos últimos, y es posible que fuese seleccionado porque contaba con antecedentes de haber transportado explosivos en su avión para los cubanos anticas­tristas y la reputación de ser capaz de volar con «cualquier cosa que tenga alas».

La teoría de la conspiración

Barry Seal ya estaba profundamente implicado en un juego muy pe­ligroso cuando decidió llevar a cabo su propia conspiración privada dentro de una conspiración mayor. En ese punto, las aguas de los acontecimientos mundiales se cerraron cruelmente sobre él, y todos los que lo rodeaban decidieron que representaba un riesgo demasia­do grande como para permitir que siguiera con vida.

La muerte de Barry Seal podría haber quedado como una más de las víctimas misteriosas del mundo del tráfico de drogas, si no hubiese sido porque un avión militar de carga C-123 K, con el nombre Fat Lady pintado en el morro, se estrelló en Nicaragua el 5 de octubre de 1986, seis meses después de su asesinato. El avión transportaba ar­mas y agentes de la CÍA, y la prueba demostró que el aeropuerto de origen había sido Mena. El asunto se complicó aún más por el hecho de que el Fat Lady había pertenecido al difunto Barry Seal.

Cuando los investigadores siguieron esa pista descubrieron que Seal había estado desarrollando más actividades y actuando en más bandos de los que nadie hubiera imaginado, ni siquiera sus jefes y compañeros en la conspiración. Por un lado, Seal estaba organizan­do el suministro de cocaína que en última instancia servía para fi­nanciar a la Contra, y se había convertido en un socio de confianza del jefe del cártel de Cali, Jorge Ochoa Vázquez. Por otro lado, Ochoa estaba organizando una nueva ruta de distribución de cocaína a tra­vés de Nicaragua con la ayuda de los sandinistas, algo que chocaba abiertamente con los planes de la CÍA.

Por si eso no fuese ya suficientemente complicado, Seal también era informante de la DEA, que estaba utilizando una acusación relati­vamente menor, presentada en 1984 por un tribunal de Florida por la­vado de dinero y tráfico de sustancias hipnóticas, para tenerlo contro­lado. La DEA estaba librando la guerra contra las drogas, mientras que la CÍA se encargaba de introducir la cocaína en el país. Resultó que el Fat Lady había sido entregado a Seal por la propia DEA para que pudiese documentar la complicidad de los sandinistas en el tráfico de cocaína. El avión estaba equipado con cámaras ocultas que tomaban fotografías de funcionarios del gobierno nicaragüense cargando la co­caína en el avión. De modo que Seal se encontró transportando cocaí­na para la CÍA y la Contra, al mismo tiempo que llevaba a cabo una misión de la DEA contra los sandinistas, que eran los enemigos de la Contra en la guerra civil que se libraba en Nicaragua. Tal vez Seal pen­só que podía continuar con ese juego, pero cuando la misión de la DEA se acabó y la historia estaba a punto de ser revelada ante el tribu­nal en pleno, su tapadera se derrumbó ante sus múltiples socios. Seal debió saber que no le permitirían vivir el tiempo suficiente para testi­ficar contra Ochoa y los sandinistas.

 

Conclusión

A comienzos de 1986 había un contrato de medio millón de dólares para matar a Seal, pero quién estaba realmente detrás de su muerte no deja de ser una cuestión simplemente académica. Todo el mundo, desde la CÍA hasta los cárteles de Colombia necesitaban silenciar a Seal, y probable­mente las cosas habrían continuado de ese modo si el Fat Lady no se hu­biese estrellado en Nicaragua, haciendo imposible cualquier intento de encubrimiento. En una extraña coincidencia, un lujoso Beechcraft King Air (N6308F), que en otro tiempo había pertenecido a Barry Seal, fue uti­lizado más tarde por el gobernador de Texas, George W. Bush.

Share

La Operación Blancanieves. La red de agentes de la cienciología.

Ron Hubbard, fundador de la Cienciología y principal acusado.

Seguimos hoy con otra de esas conspiraciones que finalmente resultaron ser ciertas y que fueron hechas públicas en distintas investigaciones judiciales. En este caso, la operación fue desvelada por una investigación del FBI y el posterior proceso judicial.

La operación Blancanieves es el nombre en clave que, de manera global, se da a un gran número de distintas operaciones coordinadas por L. Ron Hubbard (creador de la cienciología) con la intención última de infiltrarse en el IRS, el FBI e incluso la CIA, además de obtener poder político y económico en una larga serie de países. En Francia, por ejemplo, se llamó operación Apple, en Austria, operación Sleepy, en Alemani, Operación Grumpy, en Italia, Operación Dopey, en España Operación Lace, etc…

El objetivo consistía en obtener información y beneficios para el culto, aunque no se detenía únicamente en este aspecto, as que de inmediato extendieron sus actividades a todo lo que tendiese a la destrucción de documentos comprometedores y la consecución de reducciones fiscales. Su éxito fue tan grande que eso llevó, precisamente, a hacer desconfiar a las autoridades de que algo extraño estaba ocurriendo

Tras años de paciente trabajo y combinación de influencias, los miembros de la cienciología lograrían finalmente infiltrarse con distintos grados de éxito en 136 agencias gubernamentales, incluidas embajadas en el extranjero y varios consulados. La red total de agentes coordinados de la cienciología se estimó en unos cinco mil miembros, lo que convierte a la operación Blancanives en una de las mayores operaciones secretas de todos los tiempos, si no la mayor. Su éxito fue de tal envergadura que no sólo consiguieron las rebajas fiscales que buscaban en un principio, sino que también llegaron a pinchar líneas telefónicas de altos funcionarios de la Casa Blanca y consiguieron destruir decenas de importantes documentos contra Ron Hubbard y otros altos dignatarios de su culto.

Otro de sus objetivos fue reunir dossieres de prensa y expedientes informativos sobre escritores, periodistas y personas del mundo del espectáculos, con el objeto de conseguir su apoyo, amenazándolos con utilizar esa información en su contra si no colaboraban con los objetivos del culto.

Tanto éxito e influencia y d eun modo tan repèntino hizo desconfiar a las autoridades de EEUU, que montaron una gigantesca operación del FBI en busca de las pruebas necesarias para desmontar la red de la cienciología. La esposa de Hubbard y varios miembros de alto rango del culto se declararon culpables finalmente, aunque Hubbard logró escapar y murió fuera de prisión, antes de que pudiesen detenerlo.

Conclusión:

Desde nuestro punto de vista, se trata de un simple caso de conducta mafiosa, muy típica en organizaciones religiosas y hasta grupos étnicos, que promueven a los suyos a los mejores puestos y defienden comúnmente sus intereses en contra de la sociedad mayoritaria que los alberga. En el caso de España todos podemos pensar en alguna organización religiosa que mantiene estas mismas actitudes o algún grupo étnico que es habitualmente expulsado de diversos países al soportar acusaciones de llevar a cabo esta conducta (sean ciertas o no).

Lo que diferencia la Operación Blancanieves de los casos mencionados es que la red no era espontánea ni informal, sino que estaba perfectamente coordinada y estructurada desde arriba, con unos fines muy claros. Aún así, lo único realmente demostrado era su vinculación para pequeños actos delictivos, manejo de influencias y, en general, cualquier cosa de las que habitualmente hacen los lobbies o grupos de presión hoy admitidos en muchos países. Fue su carácter secreto y el carácter delictivo de una pequeña parte de sus actividades lo que convirtió esta operación en un hecho criminal.

Por nuestra parte, le damos importancia, pero no tanta como los autores que la consideran la mayor operación secreta de todos los tiempos.

Share

300x260 [Site Wide - Sidebar]

© 2017 Conspiración. All Rights Reserved. Log in - Designed by Gabfire Themes