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El caso Jimmy Hoffa. La persecución del sindicalismo en los EEUU

Jimmy Hoffa

Jimmy Hoffa

James Riddle Hoffa es probablemente más famoso por el misterio que rodea su aún inexplicada desaparición y presunta muerte que por sus logros como organizador de los trabajadores.

Nacido en Indiana en 1913 e hijo de un mi­nero del carbón, Hoffa demostró ser un líder natural en el movimien­to sindical y su lucha por mejores salarios y condiciones laborales. Cuando sólo contaba veinte años organizó su primera huelga, y lue­go ascendió rápidamente por las filas del sindicato que agrupaba a los conductores de camiones, los teamsters.

Lamentablemente, en los primeros y violentos tiempos del sindicalismo estableció vínculos con el crimen organizado que lo perseguirían el resto de su vida, arrojando sombras sobre la financiación de su movimiento y sobre la permanencia de esos lazos.

Hoffa se convirtió en presidente de los teamsters en la década de 1950, pero sólo con la ayuda de gángsters como Antonio Tony Pro Provenzano.

Cuando el Fiscal General Robert Kennedy inició a co­mienzo de los años sesenta su cruzada contra el crimen organizado, Hoffa era un blanco obvio, y la enemistad entre ambos hombres cre­ció hasta llegar a ser algo casi estrictamente personal.

En 1967, Hoffa fue encontrado culpable de soborno y condenado a quince años de prisión, pero después de haber pasado cuatro años encerrado, el presidente Nixon conmutó su pena con la condición de que no intervi­niese nunca más en el sindicalismo.

Hoffa, sin embargo, estaba pla­neando su regreso cuando desapareció el 30 de julio de 1975 del res­taurante Machus Red Fox, en Bloomfield Hills, Michigan, donde tenía pensado reunirse con Provenzano y el jefe de la mafia Anthony Tony Jack Giacalone.

Su muerte sigue siendo un misterio hasta el día de hoy, pero varias teorías afirman que, ejecutado por la mafia, su cuerpo está enterrado en Michigan, bajo el asfalto de la autopista de Nueva Jersey, y debajo de la diagonal del estadio de los Giants en las afueras de Nueva York.

Otra teoría sostiene que Jimmy Hoffa fue co­locado en una mezcladora de cemento y enterrado en hormigón. Ninguna de estas teorías ha sido demostrada y su cuerpo nunca ha sido hallado.

Conclusión:

Aunque muy bien pudiera tratarse de un caso de persecución sindical, parece que en este asunto confluyen varios factores para llevar al trágico desenlace final.  Por una parte, es probable que algunas empresas viesen con buenos ojos la muerte de este sindicalista y, por otra, la propia Mafia pudo utilizarlo de moneda de cambio para algún negocio más importante. ¿Murió por ser sindicalista? Probablemente sí. ¿Murió por sus tratos con la Mafia? Probablemente también. Lo uno no excluye a lo otro.

 

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EL ARCHIVO GEMSTONE (una conspiración para llevar a los mafiosos al Gobierno)

Howard Hughes

Hoy vamos a hablar de una vieja teoría de la conspiración que, mal que nos pese, empieza a sonarnos conocida, aunque con otros nombres y otras caras.

La conspiración del Archivo Gemstone surgió a la superficie en 1969 con la aparición de los primeros documentos. Los documentos com­pletos salieron a la luz en 1975. Se afirma que Aristóteles Onassis, Howard Hughes, la mafia y otro escogido grupo de personas inten­taron hacerse con el control de Estados UnidoS. También se sostiene que en Dallas había no menos de cuatro pistoleros el día que John Fitzgerald Kennedy fue asesinado.

Esta conspiración comienza con Onassis cerrando un trato con Joe Kennedy y el gángster Meyer Lansky para introducir alcohol clandestinamente en Estados Unidos. También se dice que Onassis estableció un acuerdo con David Rockefeller para asegurar el suministro de petróleo procedente de Oriente Medio en detrimento de las economías orientales. Entretanto, el multimillonario Howard Hughes se encargaba de sobornar a políticos estadounidenses, sobre todo a Richard Nixon. Fidel Castro se había hecho con el control en Cuba derribando el imperio del juego que Onassis y Lansky habían levan­ tado en la isla caribeña, lo que hizo que Onassis se decidiera a mani­pular al gobierno de Estados Unidos para que organizase la invasión de Bahía Cochinos, que acabó en un fiasco monumental en 1961.

En 1960, el creador del Archivo Gemstone, Bruce Roberts, mostró a la Hughes Corporation sus «gemstones» —rubíes sintéticos que se empleaban en la tecnología láser—, y la corporación se los robó. En­tre Onassis, la mafia y Howard Hughes asumieron el control del go­bierno de Estados Unidos.

Nixon estaba en deuda con Howard Hughes, ya que el millona­rio le había hecho un préstamo de doscientos mil dólares que no ha­bía sido devuelto, a un pariente suyo, y Onassis también estaba im­plicado con los Kennedy. Pero la conspiración implícita en el Archivo Gemstone se parece demasiado a una novela y queda de­sacreditada por numerosas inexactitudes, principalmente la que se refiere a que Hughes fue enterrado en el mar, delante de la isla de Skorpios, propiedad de Onassis, cuando de hecho el multimillonario fue enterrado en Houston.

Conclusión:

Como novela, tiene un pasar. Seguramente hubo relaciones turbias entre el poder político y el económico, algo que nos suena sobradamente a todos, peor no pasaron de eso: actos puntuales en los que cada cual defendía sus intereses.

De hecho, tengo tendencia a creer muy poco en este tipo de conspiraciones, y no porque crea que no existen, sino porque las considero totalmente innecesarias. Los políticos y los magnates se entienden perfectamente, día  adía, sin necesidad de pactos secretos.

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La masacre del día de San Valentín, ¿ajuste mafioso o policía corrupta?

Imagen de las víctimas

Nos encontramos ante uno de esos casos en los que hay unas cuantas pruebas, aunque no concluyentes, de que pudo haber algo más de lo que nos cuentan. De hecho, el interés del Gobierno por difundir su versión de la historia a través del cine induce a pensar que en este caso particular, los partidarios de la teoría conspiratoria podrían tener alguna base. Vamos a echar un vistazo al asunto.

La masacre del día de San Valentín de 1929 se atribuyó a Al Capone y se tomó como parte de su guerra mafiosa en Chicago para eliminar a George Bugs Moran y su banda. Se encuadra, por tanto, entre las habituales luchas entre bandas criminales rivales.

El trabajo de campo para la especta­cular matanza estuvo a cargo del lugarteniente de Capone, Jack Ametralladora McGurn. El plan de McGurn consistía en atraer a Moran y sus principales lugartenientes con una proposición que no podía re­chazar, en este caso un cargamento de whisky de contrabando a un almacén en Clark Street. Un grupo de asesinos de Capone entraría después en el almacén, disfrazados de policías, aparentarían arrestar a Moran y sus hombres para luego matarlos a todos. McGurn estaría a salvo lejos de allí y Capone se marcharía «de vacaciones» a Florida. Con esto se c0mpletaría el ajuste de cuentas sin que quedase nunca claro quién lo había hecho.

El plan,no obstante, fracasó. Los hombres de Capone llega ron al almacén a las 10.30 horas de la mañana del 14 de febrero de
1929 en un coche de policía robado. Siete de los hombres de Moran (más un oftalmólogo que estaba en el lugar equivocado) fueron ali­neados contra una pared, en el garaje de la S-M-C Cartage Company, y acribillados a balazos. Moran, sin embargo, no estaba entre ellos. Cuando se acercaba al almacén vio que llegaban los «policías» de Ca­pone en el coche robado y se asustó. Los muertos fueron James Clark, Frank y Pete Gusenberg, Adam Heyer, Johnny May, Reinhardt Schwimmer y Al Weinshank. El hecho de haber fallado en el asesinato del objetivo principal traería graves consecuencias.

Siempre se ha supuesto que los asesinatos jamás podrían haberse cometido sin la complicidad de la notoriamente corrupta policía de
Chicago, que además incluso debió de suministrar los uniformes y el vehículo empleados para cometer la matanza. Un año más tarde, las ametralladoras utilizadas en la masacre del día de San Valentín fue­ron encontradas en la casa de Michigan de un pistolero profesional llamado Fred Burke, pero Burke jamás fue extraditado a Illinois para ser juzgado, supuestamente porque su declaración podría haber im­plicado a los policías que participaron de la conspiración.

Otras versiones apuntan a que el posterior encubrimiento de Capone se debió a que al policía prefirió no profundizar en el asunto para no resaltar la negligencia de los suyos, pero esta versión no acaba de sostener completamente.

Conclusión:

Con estos datos y algunos más que hemos encontrado, parece que aquí hubo algo más que un ajuste de cuentas entre bandas mafiosas. Por lo que parece, la propia policía se puso del lado de Capone, ya fuera para ayudarlo a acabar con Moran por razones legales (uso de un delincuente para acabar con otro) o porque al propia policía estaba más interesada en que Capone controlase la zona, por recibir de este mejores comisiones.

La dinámica policial de Chicago en aquellos años, donde no estaba muy claro quién estaba de parte de quién, parece indicar que la policía de Chicago participó activa y conscientemente en estos hechos, tanto en lo maaterial como muy probablemente en la autoría intelectual de los mismos.

Sin poder estar, por supuesto, completamente seguros de ello, clasificamos esta conspiración en el grupo de las conspiraci0nes veraces. O al menos, muy verosímiles.

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