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El monolito espacial extraterrestre que vieron Gagarin y la NASA. Conspiración novelesca.

Módulo de mando del Apolo X

Según una curiosa y extraña teoría de la conspiración, un satélite alienígena fue avistado por los astronautas de la Apolo 10 y por Yuri Gagarin, de modo que se organizó una expedixciñón posterior  por parte de la NASA para recupeerarlo

En mayo de 1969, los astronautas de la misión Apolo 10, Tom Staf­ford, John Young y Eugene Cernan, viajaron a la luna en un «ensayo general» final para la misión de alunizaje de la Apolo 11. La tripula­ción de la Apolo 10 debía acercarse a unos cuantos cientos de metros de la superficie lunar, más cerca de lo que nunca había estado el hombre, registrando datos y examinando las posibles zonas de alu­nizaje para el siguiente e histórico vuelo espacial.

Stafford y Cernan descendieron hacia la superficie de la Luna en el módulo lunar mientras Young mantenía una órbita regular a 110 kilómetros de altura a bordo del módulo de mando, exactamente como lo harían los tripulantes de la Apolo 11 dos meses más tarde. Los astronautas se encontraron con numerosos problemas durante la misión, incluyendo la presencia de hidrógeno en el agua potable, un fallo en el mecanismo de cierre del módulo de mando y fallos inter­mitentes en las comunicaciones entre los módulos lunar y de mando y con el Centro Espacial, pero la misión se desarrolló prácticamente como se había previsto. Los astronautas entraron nuevamente en la atmósfera terrestre a la mayor velocidad desarrollada hasta ese mo­mento —casi 40.000 km/h— y la cápsula espacial impactó en aguas del Pacífico treinta y cinco segundos después del horario fijado.

Y esto es todo lo que oficialmente se sabe de la misión.

Sin embargo, el  encubrimiento y la opacidad que algunas personas creen que rodea la misión Apolo 10 incluye un satélite alienígena o una baliza de comunicacio­nes conocida como «el monolito». Se dice que la tripulación de la Apo­lo 10 se acercó a la baliza, del modo en que se describe en la obra de Arthur C. Clarke  El centinela (la novela cor­ta en la que Stanley Kubrick basó su famosa película 2001: Una odisea del espacio, en 1968), en una desviación clandestina del programa de la misión, para filmar y fotografiar el mensaje y el mapa estelar grabado en su superficie. Las señales de energía que emitía el monolito provo­caron varios fallos de funcionamiento eléctrico y afectaron de tal modo las comunicaciones a bordo de la Apolo 10, que estuvieron a punto de impedir que regresara a la Tierra. Este artefacto alienígena había sido observado también por el primer hombre en viajar al espa­cio, el cosmonauta soviético Yuri Gagarin, en 1961, y permaneció en órbita hasta 1972, cuando la NASA envió una lanzadera militar expe­rimental para recuperarlo y estudiarlo en un centro de investigación espacial ultrasecreto de Estados Unidos, en  nstalaciones situadas bajo el agua con cúpula al norte de Abaco, La más septentrional de las Islas Bahamas. RCA Corporation se encarga de que la investigación la experimentación, dice un tal Jesse .

Jesse dijo : ” Lo hicieron bajo el agua , después de ver gente cayendo como moscas. Pensaron que sería mejor [ la contención de los sospechosos del Monolito de emanaciones energía cósmica ] bajo el agua. ” Señaló que la baliza espacio ” tiene un sonido a él, como habla . También da origen a un espectáculo de luces. ”

“Ellos son ” postales de la llanta . Emiten la luz y las señales de tono , el envío de un lenguaje matemático. Puede haber cinco o más civilizaciones ET conlleva la creación de estos faros . ”
Entre los científicos que trabajaron en ella fueron el astrónomo famoso Dr. Carl Sagan, Ejército de los EE.UU. Comando de Inteligencia y Seguridad General William Stubblebine, (r) , asesor del Consejo Nacional de Seguridad Dr. Michael Wolf, Y una antigua división jefe de la CIA.

Todos los que habían prolongado el contacto físico con el Monolito tienen cáncer, dice Jesse .
” Y los que trataban de diseccionar el Monolito murió allí mismo en el acto. ”
Lo que no sabemos es de dónde pudo salir semejante idea.

Como cabría esperar, existen muy pocas pruebas que demuestren esta teoría. Gagarin murió en un accidente aéreo en 1968, el año ante­rior a la misión de la Apolo 10, y ninguno de los astronautas mencio­nó jamás la existencia de ese monolito. Los problemas que tuvo la Apolo 10 estaban relacionados más con pequeños fallos de funciona­miento y equipo defectuoso que con la interferencia causada por una fuente exterior. Aunque volvieron a entrar en la atmósfera terrestre a una velocidad nunca alcanzada antes por ningún vuelo Apolo, no existe ninguna razón para suponer que este hecho entrañara nada sospechoso, y el hecho de que cayeran al mar pocos segundos más tarde del tiempo previsto, que había sido meticulosamente planifica­do meses antes, significa que los astronautas no pudieron disponer de ningún tiempo extra para examinar un satélite alienígena.

Aun cuando hubiesen deseado acercarse al monolito, localizarlo en el espacio y maniobrar hacia él no habría estado al alcance de las limitadas capacidades de la nave Apolo, que sólo tenía que viajar a la Luna y regresar, sin ningún margen del diseño de la misión que le permitiese hacer algo más. En cuanto a la lanzadera militar experi­mental enviada por la NASA en 1972 para recuperar el monolito, pa­rece altamente improbable que, si una tecnología tan avanzada esta­ba disponible en Estados Unidos, la Apolo 17 realizara su peligroso viaje a la luna aquel mismo año utilizando sistemas idénticos a los que habían llevado todos los vuelos espaciales previos de la NASA. En cualquier caso, los observadores espaciales habrían avistado sin duda esa lanzadera cuando despegaba o regresaba a la Tierra, des­pués de haber cumplido su misión encubierta en el espacio.

La primera misión real de una lanzadera espacial, comandada por el astronauta de la Apolo 10 John Young, no se llevó a cabo hasta 1981, o sea nueve años después de la misión «secreta» de la lanzade­ra experimental. Nueve años de investigación, pruebas y experiencia operacional con una lanzadera militar habrían ayudado sin duda a superar los problemas que afectaron a la versión «civil» de alto perfil de la NASA.

CONCLUSIÓN

Es completamente factible que astronautas y cosmonautas pudieran haber visto partes desechables de nuestros propios cohetes o satéli­tes orbitando como «basura espacial». Sin embargo, esa basura espa­cial se convierte rápidamente en un «monolito alienígena» cuando los informes de los astronautas que dicen haber «visto algo» llegan a aquellas personas que realmente desean creer que ese objeto existe. La leyenda del monolito, aparentemente, le debe mucho más a la ciencia ficción que a los hechos históricos.

En el futuro seguiremos hablando de estos casos, pues al parecer, según las teorías conspirativas, en la luna se ha encontrado de todo: construcciones, una momia…

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¿Por qué los nazis utilizaron Zyklon B, un pesticida, para exterminar a los judíos en lugar de otros gases conocidos mucho más tóxicos? Holocausto y Conspiración II

Una lata de Zyklon B. Puede observarse que un gas transportado así es más fácil de manejar que otras variedades…

Esta pregunta, repetida incesantemente por los negacionistas del Holocausto, constituye un0 de los mayores agujeros lógicos sobre el tema, y creemos que es buena idea tratar de aclarar el asunto, tan inmerso en el tema de las conspiraciones que tratamos en este blog.

Los revisionistas, normalmente responden que si los nazis hubieran querido utilizar gas para exterminar personas, se disponía de gases mucho más eficientes. El Zyklon-B es poco eficiente, salvo cuando se usa como agente fumigante. Entre los gases que podrían haberse utilizado, el más popular es el gas mostaza, conocido ya durante la I Guerra Mundial y de conocidos efectos devastadores.

Sin embargo, hay que pensar de una manera más amplia para llegar a la verdad:

El Zyklon B posiblemente no sea el gas más eficaz que se conocía en aquel momento, pero sigue siendo de todos modos extremadamente eficaz, y de hecho se ha utilizado en tiempos de paz en Estados Unidos para la ejecución de reos de muerte, aunque con algunas mejoras técnicas, lógicas por otra parte después de tantos años.

Además de su eficacia, hay que tener en cuenta otros factores:

-Era un gas barato y fácil de elaborar, que no despertaba sospechas entre los servicios secretos enemigos ni se corría el riesgo de que se confundiera con la intención de usar gases tóxicos con fines bélicos. ¿Qué sucedería si, durante un transporte, fuese alcanzado un tren con gas mostaza? Que podía desencadenarse el infierno para ambos bandos. Pero con el Zyklon B no se corría ese riesgo, y cabe recordar que, aunque disponían de ellas, los nazis se negaron tajantemente a usar armas químicas durante toda la guerra. Incluso en los momentos más desesperados.

Era un gas de varios usos. Además de para el exterminio podía utilizarse, efectivamente, para despiojar ropas y personas. De hecho, todo el mundo reconoce que más del 90 % del Zyklon B usado en Auschwitz se empleó para despiojar ropas y personas, y luchar así contra el tifus.  ( Gutman, Anatomy of the Auschwitz Death Camp, 1994, p. 215)

El Zyklon B es un gas muy fácil de almacenar, se empaqueta en latas y no necesita mayor cuidado en su manipulación. O sea, que es ideal para llevarlo de aquí para allá en tiempos de guerra, o en unas condiciones inferiores a las óptimas.

 

Conclusión:

El uso de este gas es perfectamente lógico y no desvirtúa en NADA la versión oficial sobre el Holocausto. Es más: en nuestra opinión refuerza la tesis de que se trataba de cometer un crimen a escala industrial, con criterios de optimización industrial, y parámetros de eficiencia industrial. Pudieron usarse otros productos, pero hubiesen resultado más caros, más arriesgados y, por ello, a fin de cuentas, menos eficientes. Si a ello unimos que su producción no podía levantar sospechas y que podía fabricarlo casi cualquier pequeña industria, tenemos que es lo más lógico del mundo. Por tanto, no hay aquí conspiración que valga: a despecho de los aficionados al cine de serie B, en el mundo real los malos son muy malos, pero nada idiotas.

 

www.javier-perez.es

 

Véase también:  Holcausto y Conspiración I y Holocausto y Conspiración III

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