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La patraña de los niños índigo. Cuando el racismo se viste de seda.

La patraña de los niños azules

A través de Menéame.net y concretamente de un comentario de Nasc, nos hacen llegar una de esas tonterías actuales que casi obligan a crear una nueva categoría de majaderías feroces. Se trata de los niños índigo.

Quizás para dar idea de la magnitud de la bobada baste con decir que niños índigo, originalmente, son aquellos que tienen el aura azulada y constituyen un nuevo paso en la evolución de la Hamanidad. A nuestro entender, simplemente una estafa con tintes racistas.

Y estamos además ante uno de esos tipos de racismo casi encubierto, como el de la gente que lucha por convencernos de que cada raza de perro tiene sus peculiares características, dejando entrever su creencia de que las mínimas variaciones raciales constituyen diferencias apreciables. El racismo humano no es más que eso, pero dicho claramente, sin la cobardía del que tira la piedra y esconde la mano. Con otras cobardías, pero sin esa.

Dando vistazo a Wikipedia y algunas otras fuentes, vemos que el término niños índigo es utilizado en por los adeptos de la llamada “Corriente de la Nueva Era” o New Age para referirse a aquellos niños que supuestamente representarían un estado superior de la evolución humana, más desapegado de lo material y más proclive a las habilidades espirituales y que constituiría un nuevo estado de entendimiento con el entorno y la cosmología.

Según sea la corriente que sigan los padres dentro del New Age, así serán las virtudes, poderes y propiedades que atribuyen a los niños Índigo. Algunos prefieren decir que estos niños tendrían poderes como la telepatía, la comunicación con los animales, la visión más allá de lo real, o simplemente una mayor capacidad para entender su entorno, incrementando lo que ahora se ha dado en llamar inteligencia emocional y que no es más que habilidad social.

Como para todo hay quien intente sacar tajada, desde los años ochenta se crearon escuelas para la formación de estos niños de aura azulada, que según las teorías teofísicas son los encargados de liderar el paso de la Humanidad a la Nueva Era de Acuario .

En cuanto a los orígenes de este movimiento, el término “niños índigo” se origina en el libro del año 1982 “Understanding Your Life Through Color” (Comprendiendo tu vida a través del color) de Nancy Ann Tappe, una científica autodidacta (sic), o sea, sin título alguno, que decía ser capaz de visualizar el aura de las personas. Lo que puede ser eso del aura lo dejamos para otra entrada, si tenemos ganas. En su momento,m esta mujer afirmó que estaba observando un incremento de los niños que nacían con el aura azulada, llegando en los ochenta y los noventa a caso uno de cada cinco.

Según los autores de esta corriente, además de las propiedades paranormales de las que ya hemos hablado, los niños índigo poseen características como una mayor intuición, espontaneidad (eufemismo por mala educación, entiendo yo), rechazo a una moralidad estricta ( eufemismo por mala educación, entiendo yo una vez más) y una gran imaginación, incluyéndose en su catálogo todo tipo de sandeces como la telequinesis, la clarividencia, la piroquinesis o la capacidad de sanación.

También afirman sus creyentes que estos niños poseen un fuerte sentimiento para generar una diferencia significativa en el mundo, y se encuentran naturalmente inclinados a temas relacionados con la espiritualidad, el ocultismo y el esoterismo.

 

Conclusión:

En primer lugar, lo que estamos viendo es una nueva corriente que habla de lo muy distintos y especiales que son los niños, algo que siempre estarán dispuesto a a creer ciertos padres, y que no hace sino señalar castras, o clase raciales dependiendo del nacimiento. Es racismo,  sin paliativos, por mucho que se intente disfrazar de cualquier cosa.

Como además estamos ante una creencia que hace mejores a tus niños que a los de los demás, parece un campo abonado para toda la amplia gama de tontos que circulan por ahí, creyendo que lo suyo es necesariamente mejor, aunque no se pueda apreciar a simple vista.

Incluso si atendemos a las opiniones científicas, parece ser que muchos pedagogos y psiquiatras señalan la creciente ineptitud de los sistemas educativos para tratar la agresividad de algunos niños y niñas como causa para buscarse un pretexto tan flojo como este que explique su fracaso. De este modo, la creencia en niños índigo es en realidad una reacción de “rebeldía” de los padres hacia sistemas educativos que no permiten a sus hijos hacer lo que les dé la gana y que les crean conflictos, exigiéndoles que les impongan unas normas a sus hijos, algo que, por costoso, algunos padres no están dispuestos a sumir, haciendo recaer sobre el sistema educativo la obligación de lidiar con esos niños medio asilvestrados.

Otra razón para creer en niños índigo es el miedo de los padres a que su hijo tenga un problema psíquico o una disfunción. Por miedo a que loa niños puedan ser inferiores de algún modo, convierten la necesidad en virtud y los hacen superiores por razones indemostrables, quedándose ellos más tranquilos y trasladando el problema fuera.

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Mary Celeste: el barco abandonado que navegaba a toda vela.

El barco, cuando aún se llamaba Amazon

Dentro del apasionante mundo de la historia naval, hay un caso que sigue despertando pasiones: se trata de la desaparición de toda la tripulación del Mary Celeste, un barco mercante. Este hecho se ha atribuido a múltiples causas, generando diversas teorías conspirativas, la mayor parte de ellas sin ningún fundamento, y a veces ni siquiera interés literario. La mejor historia, a nuestro juicio, que se puede contar de este barco, es la que realmente sucedió, y eso vamos a intentar.

El Mary Celeste fue un bergantín botado en Nueva Escocia en 1861. Su fama como buque fantasma proviene de que fue encontrado navegando a toda vela, sin tripulación a bordo, y rumbo a Gibraltar. Por supuesto, de ahí  poder afirmar que lo gobernaban los muertos hay un largo trecho, pero esta situación espoleó la imaginación de los escritores de la época.

El Mary Celeste tenía  de 31 metros de eslora y 282 toneladas de desplazamiento. En el momento de su botadura, en 1861 fue bautizado con el nombre de Amazon en la Isla Spencer en Nueva Escocia, Canadá, donde se hallaban los astilleros en que fue construido.

Antes del suceso que le hizo famoso, algunos opinaban ya que se trataba de un barco con mala suerte, puers el primer capitán al que se encargó su gobierno murió ahogado antes incluso de tomar el mando de la nave. El segundo capitán que se nombró para su mando, murió también ahogado en el viaje inaugural. Después de estos lamentables incidentes, el barco navegó sin novedad durante seis años hasta que en 1867 sufrió un accidente, común por lo demás, en el que quedó embarrancado en tierra debido a una fuerte tormenta, en la bahía de Glace, Nueva Escocia.  Tras su reflotamiento, fue vendido a un armador norteamericano, que le cambió el nombre de Amazon para llamarlo Mary Celeste y ponerlo de nuevo en servicio en 1869.

Nuevamente navegó sin novedad hasta diciembre de 1872, fecha en la que apareció sin ningún tripulante, creando uno d elos misterios marítimos más comentados de su tiempo.

Estos son los hechos, que recopilamos con la ayuda de Wikipedia y otras fuentes:

El 5 de noviembre de 1872, el Mary Celste zarpó con el capitán Benjamín S. Briggs al mando, desde el puerto de Nueva York. La tripulación consistía en siete hombres, y en el barco viajaban además la esposa y una hija de dos años del propio capitán. Declararon una carga de 1701 barriles de alcohol industrial y su destino final se hallaba en Génova.

Del viaje no se supo nada más ni se recibieron alarmas de ningún tipos hasta que a las tres de la tarde del 5 de diciembre, el Dei Gratia, otro barco que viajaba de Nueva York a Gibraltar saluda al Mary Celeste por se conocidos los capitanes de ambos barcos.

El capitán del Dei Gratia, David Reed Morehouse, no recibió respuesta y al cvomprobar que no había nadie en cubierta tenmió lo peor y dio orden de acercarse al Mary Celeste. Al abordar el bergantín no encontraron a ninguno de los tripulantes ni a la familia Briggs. La ropa de unos y otros estaba ordenada en sus respectivos cajones, pero no encontraron el bote salvavidas, el sextante, el cronómetro ni la bitácora. El diario de navegación se encontraba en el cuarto del capitán; la última anotación era del día 24 de noviembre, pero no señalaba nada relevante ni daba cuenta de accidentes, motines o enfermedades a bordo.

Ruta del Mary Celste, hasta aparecer abandonado

Después de esta inspección, la tripulación del Dei Gratia decidió llevar el bergantín hasta Gibraltar, para allí examinarlo mejor y encontrar una respuesta al misterio. En el puerto, el capitán Morehouse fue interrogado varias veces, e incluso se especuló que debido a su amistad se hubiesen puesto de acuerdo para algún tipo de fraude con la compañía de seguros, pero finalmente no s epudo demostra nada, ya que no había menguas en la carga ni en el barco (y por tanto no había daños que pagar), con lo que el capitán dle Dei Gratia recibió la gratificación legalmente establecida por rescatar el barco (unas 8000 libras) y pudo irse.

A partir de este momento, el barco permaneció activo y en servicio durante doce años más, hasta que en 1885 fue cargado en exceso con chatarra y comida para gatos, intentando que se hundiese y poder cobrar el seguro, pero el fraude fue descubierto.

Ahí termina la historia del barco.

Conclusión:

En cuanto a lo que ocurrió con sus tripulantes, sigue sin estar claro. La teoría que los jueces declararon oficial, supone que, debido quizá a una fuga de gases del alcohol que se transportaba, el capitán pensó que una explosión o envenenamiento general iban a tener lugar, dando la orden de desalojar el barco inmediatamente. Esta teoría se apoya en que era la primera vez que el capitán trasladaba este tipo de carga y pudo entrar en pánico, sin saber cómo reaccionar ante alguna fuga o pequeña explosión.

Algunos llegaron a afirmar que el abandono pudo deberse a algún motín o gran borrachera de la tripulación, pero esto no parece probable, pues el alcohol industrial es muy tóxico y no se detectaron signos de lucha a bordo.

Los más fantasiosos especularon con el ataque de alguna fabulosa criatura marina, que devoró a la tripulación, y otros, aún con el ataque de algún vampiro o ser sobrenatural que iba de polizón en la carga (tipo Drácula), apoyando esto en algunas extrañas marcas de sangre que sí aparecieron efectivamente en el barco.

Tanto las teorías de los monstruos como las de los fantasmas nos parecen, obviamente, totalmente descartables. Las razones por las que el capitán no pidió ayuda, dejó el barco a toda vela y no anotó nada en el cuaderno antes de abandonar el buque, no podemos explicarlas. Tampoco nos parece justo culpar a unos o a otros, pero seguramente el misterio se explique con algún tipo de conducta o enfrentamiento humano, cuyo desencadenante, con una mujer joven a bordo, y varios marineros, no nos resulte tan difícil de imaginar. A los jueces de su época seguramente tampoco les costó imaginarlo, pero con toda probabilidad prefirieron no hacer mención alguna a esta posibilidad.

Lo datos objetivos no permiten ver más allá de la composición de la carga y la composición de la tripulación. Si la carga aparece intacta y la triopulación no, pensamos que no tuvo que ver con la carga y sí con la tripulación. Advertimos, no obstante, que se trata de una apreciación absolutamente subjetiva y personal, sin prueba documental alguna de ello.

Memorial:

 

Nos apetece, a continuación y en su memoria, citar los nombre de las personas desaparecidas.

La tripulación y los pasajeros se enumeran en el registro del Mary Celeste así:

Tripulación Benjamin S. Briggs – Capitán (Estadounidense – 58 Años)

Albert C. Richardson – Primer Oficial (Estadounidense – 28 años)

Andrew Gilling – Segundo Oficial (Danés – 25 años)

Edward W. Head – Camarero y Cocinero (Estadounidense – 23 años)

Volkert Lorenson – Marinero (Alemán – 29 años)

Arian Martens – Marinero (Alemán – 35 años)

Boy Lorenson – Marinero (Alemán – 23 años)

Gottlieb Gondeschall – Marinero (Alemán – 23 años)

Pasajeros

Sarah Elizabeth Briggs- Esposa del capitán – 30 años

Sophia Matilda Briggs – Hija del capitán – 2 años

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La maldición de Tutankamón. Un cuento útil (y una montaña de casualidades)

Tutankamon

Las conspiraciones demostradamente veraces no son tantas, y ya hemos abordado algunas en este blog, así que hoy nos apetece empezar a hablar de conspiraciones falsas, o simples relatos de ficción. De entre todas estas, que son legión, una de las más atractivas es la de la maldición de Tutankamón, que tan útil ha resultado para popularizar la arqueología en general y la egiptología en particular.

Y es que las tonterías es lo que tienen: que a veces resultan muy útiles y sus resultados reales son positivos, aunque por caminos torcidos.

Vamos a hacer un recorrido por el tema:

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX la mayor parte de la historia del antiguo Egipto era desconocida y se consideraba una especie de curiosidad a la que muy pocos prestaban atención. Los únicos faraones conocidos eran los mencionados pro la Biblia, y poco más…

Respecto a sus tumbas, se conocían sólo las pirámides, que solo se usaron en el Antiguo Egipto entre las dinastías III (2650 a. C.) y XIII (1750 a. C.), pero las grandes tumbas decoradas posteriores a la dinastía XVIII (1300 a. C.) eran prácticamente desconocidas en Occidente.

La tumba de Tutankamón, perteneciente a la dinastía XVIII permaneció oculta durante más de tres mil años. De hecho,lo ladrones de tumbas de las dinastía XIX y XX incluso llegaron a construir algunas cabañas encima de la tumba sin sospechar de su existencia.

A principios del siglo XIX, y debido al triunfo de las corrientes románticas y conservacionistas, se produjo un gran boom de la arqueología. Se puede decir que empieza aaquí la época d elas grandes excavaciones, con logros como el descubrimiento de Troya por parte de Schliemann. El procedimiento era siempre el mismo: bucear en lso textos antiguos para obtener datos de los emplazamientos y tener la credulidad, o la fe suficientes, para convencerse de que no se trataba de simple cuentos, como hizo Schliemann con el caso de Troya.

Por este sistema, y a principios de los años 20 (del siglo pasado), el egiptólogo Howard Carter descubrió la existencia de un faraón de la XVIII dinastía hasta entonces desconocido, y convenció a Lord Carnarvon para que financiase la búsqueda de la tumba que se suponía intacta en el Valle de los Reyes. El 4 de noviembre de 1922 se descubrieron los escalones que descendían hasta una puerta que aún mantenía los sellos originales. El 26 de noviembre, en presencia de la familia de Lord Carnarvon, se hizo el famoso agujero en la parte superior de la puerta por el que Carter introdujo una vela y vio según sus palabras «cosas maravillosas». La tumba, luego catalogada como KV62, resultó ser la del faraón Tutankamón y es la mejor conservada de todas las tumbas faraónicas. Permaneció prácticamente intacta hasta nuestros días hasta el punto que cuando Carter entró por primera vez en la tumba, incluso pudo fotografiar unas flores secas de dos mil años atrás que se desintegraron en seguida. Después de catalogar todos los tesoros de las cámaras anteriores, Carter llegó a la cámara real donde descansaba el sarcófago del faraón desde hacía tres mil años.

Hasta aquí los hechos históricos, que hemos resumido echando mano de Espasa y Wikipedia.

Pero entonces empezaron a morir personas que habían visitado la tumba y la imaginación se desató.

En marzo de 1923, cuatro meses después de abrir la tumba, Lord Carnarvon fue picado por un mosquito y poco después se cortó la picadura mientras se afeitaba. En unos días enfermaba gravemente y fue trasladado a El Cairo. Aunque los médicos pudieron detenerle la infección que había empezado a extenderse por el cuerpo, una neumonía atacó mortalmente a Lord Carnarvon, que murió la noche del 4 de abril. Se cuenta que a la misma hora de la muerte, el perro de Lord Carnarvon aulló y cayó fulminado en Londres. Además, cuando Lord Carnarvon murió, en el Cairo hubo un gran apagón que dejo a oscuras la ciudad.

Con esto era más que suficiente para que la prensa sensacionalista de la época, bastante parecida a la que hoy padecemos, empezase a hablar de maldiciones. Ciertamente, Lord Carnavon fue víctima de una serie de asuntos desafortunados, pero eso es lo único que se puede afuirmar objetivamente y es algo que la estadística contempla como perfectamente posible.

Entre las invenciones de la prensa, una de las más famosas es la frase que dijeron estaba escrita en la tumba del faraón: «la muerte vendrá sobre alas ligeras al que estorbe la paz del faraón».

En realidad, esta frase nunca figuró en las minuciosas notas de Carter y el muro fue derribado para entrar en la tumba, por lo que era el sitio ideal para atribuir la frase, ya que no podía comprobarse luego.

Lo cierto y objetivo, es que después, en poco tiempo, hubo unas cuantas muertes más, y esto ayudó a que la leyenda se propagase y ganara fuerza:

El hermano de Lord Carnavon, Audrey Herbert, que estuvo presente en la apertura de la cámara real, murió inexplicablemente en cuanto volvió a Londres. Arthur Mace, el hombre que dio el último golpe al muro, para entrar en la cámara real, murió en El Cairo poco después, sin ninguna explicación médica. Sir Douglas Reid, que radiografió la momia de Tutankamon, enfermó y volvió a Suiza donde murió dos meses después. La secretaria de Carter murió de un ataque al corazón, y su padre se suicidó al enterarse de la noticia. Y un profesor canadiense que estudió la tumba con Carter murió de un ataque cerebral al volver a El Cairo.

A esto hay que añadir otro hecho, que encantó a los periodistas: al proceder a la autopsia de la momia se encontró que justo donde el mosquito había picado a Lord Carnarvon, Tutankamón tenía una herida.  De hecho, se publicaron noticias en aquel momento afirmando que los médicos participantes en la autopsia también habían muerto cuando lo cierto es que todos ellos, excepto el radiólogo, murieron muchos años después.

Durante un tiempo se olvidó el asunto, pero la maldición reaparece En las décadas de 1960 y 1970 las piezas del Museo Egipcio de El Cairo se trasladaron a varias exposiciones temporales organizadas en museos europeos. Los directores del museo de entonces murieron poco después de aprobar los traslados, y los periódicos ingleses también extendieron la maldición sobre algunos accidentes menores que sufrieron los tripulantes del avión que llevó las piezas a Londres.

La última víctima atribuida a la maldición fue Ian McShane: durante la filmación de la película en los años ochenta sobre la maldición, su coche se salió de la carretera y se rompió gravemente una de las piernas.

 

Conclusión:

Para dar más brillo al suceso, resultó que algunos personajes del mundo de la cultura, como Sir Arthur Conan Doyle se declaró creyente en la maldición, la escritora Marie Corelli afirmó tener un manuscrito árabe que hablaba de la maldición y el arqueólogo Arthur Wiegall publicó oportunamente un libro sobre la maldición de los faraones.

Por tanto, nos parece obvio que la maldición venía muy bien para vender periódicos y también para poner de moda ciertos estilos literarios a punto de agotarse.

Como la casualidad puede llevarse a cualquier lado que se quiera, pues siempre hay hechos casuales que se pueden mostrar como explicaciones racionales, vamos a los datos objetivos:

De las 58 personas que estuvieron presentes cuando la tumba y el sarcófago de Tutankamón fueron abiertos, sólo ocho murieron en los siguientes doce años. Todos los demás vivieron más tiempo, incluyendo al propio Howard Carter, que murió en 1939

El médico que hizo la autopsia a la momia de Tutankamon vivió hasta los 75 años.

La maldición, pupularizada en el cine y la literatura, sirvió para incrementar el interés popular por la egiptología y la arqueología en general, lo que ha ayudado a recabar fondos para otras excavaciones y para la conservación del patrimonio.

En ese sentido, estábamos tentados de apoyarla, pero no podemos hacer tal cosa. Una pena.

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